Losas que matan

  • Alfonso Sánchez Anaya
Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, en ese orden de preferencias electorales, se encuentran perfilados y son ya candidatos oficiales para contender por la Presidencia de la República de nuestro muy querido México.

Sabemos que tanto Anaya como Meade, representan para la mafia en el poder, su permanencia y prolongación en el ejercicio de los privilegios y el continuismo para que se sigan enriqueciendo excesivamente, como lo han hecho durante décadas. 

La falacia de la “alternancia en el poder” en la Presidencia de la República, para minimizar el enojo de la población por tanta ineficiencia administrativa, corrupción e impunidad, ha sido una estrategia principalmente del PRI y del PAN para mantenerse siempre, por cualquier medio, cercano a los privilegios políticos y económicos del gobierno; para ello, tenían que avalarse mutuamente los triunfos de sus supuestos enemigos, los panistas Fox  y Calderón y el priista Peña Nieto, en las elecciones del 2000, 2006 y 2012, antes que permitir que un “terco y loco” como AMLO, llegara para terminar de tajo con sus complicidades. 

Es cierto, con Peña Nieto, fue la más reciente simulación de otra alternancia. Continuaron las componendas entre ambos partidos políticos; Acción Nacional abandonó la disputa por la presidencia, cuando su candidata Vázquez Mota, sabían, no tenía ninguna oportunidad de ganar; luego, fueron los primeros en legitimar la presidencia del actual mandatario, para recibir espacios y una que otra bondad económica, sin importarles todas las anomalías y truculencias electorales que el tricolor utilizó para alcanzar su propósito. 

El PRI y el PAN, se han “asociado” para la aprobación, sin importarles las consecuencias sociales, de las llamadas “reformas estructurales”; se han hecho de la vista gorda ambos, ante los saqueos y robos de los dineros públicos de los ya no pocos servidores públicos militantes de sus partidos. Se dicen contrarios, pero está demostrado que logran ponerse de acuerdo cuando ven en peligro un cambio de manos, que no sea entre ellos, del presupuesto de los mexicanos.

Sin embargo, Enrique ha llevado el abuso en el ejercicio del poder a dimensiones políticas que no calcularon del todo, lo económico en beneficio del PRIAN, sí. Con EPN se han deteriorado de tal forma los niveles de vida de los mexicanos, que ya son más de 50 millones de compatriotas a los que no les alcanza ni siquiera para su alimentación básica; la pobreza, el desempleo y la violencia, son parte de su vida cotidiana. Solo que suceda un extraordinario suceso, evitará que ese binomio partidista sea derrotado por el voto de la mayoría de los mexicanos, hartos de sus excesos. 

La corrupción, impunidad y el desprestigio del Gobierno de Peña Nieto, son losas muy pesadas y pueden ser mortales para Meade; imposible que se las quite de encima. Porque además, no ha sido solo un observador de toda la inmundicia en la que está sumido el PRI con la complicidad panista. Meade la ha visto de cerca, muy cerca, en los cargos públicos de alto nivel que ha desempeñado, sobre todo en SEDESOL y la Secretaría de Hacienda.

Decir que él no vio ni escuchó nada de “socavones”, “estafas maestras” (ni los desvíos multimillonarios de Rosario Robles en Desarrollo Social y SEDATU, que el periódico Reforma publicó ayer mismo), de Odebrecht, OHL, de la “discrecionalidad” en el uso presupuestal del Ramo 23 para fines electorales, el peculado de Gobernadores, etc., no es creíble ni pasará de largo a los ciudadanos. ¿Por qué Meade ha guardado silencio?: porque dejar hacer y dejar pasar, es lo que más le conviene a él y a sus patrocinadores.

López Obrador, tendrá que convencer a la gente que no es “más de lo mismo”, pues el desprestigio de los políticos de este país ha crecido a tales niveles, que lo obliga a no cometer errores. Parafraseando a Lenin, en tiempos de la política, habrá que hacer alianzas hasta con el diablo, hacer “acuerdos provisionales”; lo anterior, podría explicar de alguna manera lo que está aconteciendo en MORENA, si el objetivo final es la transformación de este país repleto de desigualdades y corrupción.