La desaparición de nueve jóvenes tlaxcaltecas, cuyos cuerpos fueron presumiblemente encontrados desmembrados en Puebla, no solo es una tragedia que enluta a sus familias y a todo el estado, sino también un reflejo de la profunda crisis de seguridad y de la insensibilidad que permea en algunas esferas del poder público. Mientras las familias claman por justicia y respuestas, las autoridades parecen más preocupadas por manejar la narrativa que por abordar el fondo del problema.
El secretario de gobierno de Tlaxcala informó que aún no se han concluido los informes periciales para confirmar la identidad de las víctimas. Sin embargo, en un acto de insensibilidad y precipitación, el flamante coordinador de comunicación del estado decidió adelantarse a los hechos. En lugar de esperar los resultados oficiales y actuar con prudencia, optó por contactar a medios de comunicación locales para pedirles "que le echaran la mano" confirmando que los jóvenes eran las víctimas. Pero lo más grave fue su intento de desvirtuar la tragedia al señalar que los jóvenes "eran rateros".
Este comentario no solo es irresponsable, sino también profundamente ofensivo. Ningún acto delictivo, sea real o supuesto, justifica la desaparición forzada, la tortura o el asesinato. La función de un servidor público no es juzgar ni estigmatizar a las víctimas, sino garantizar que se investigue con rigor y que se haga justicia. Al insinuar que los jóvenes merecían su destino por ser "rateros", el coordinador de comunicación no solo revictimizó a las familias, sino que también envió un mensaje peligroso: que hay vidas que valen menos que otras.
Este caso no es aislado. Es un recordatorio más de cómo la violencia y la impunidad han normalizado la desaparición de personas en México, especialmente de jóvenes. Tlaxcala, un estado que ha sido señalado como foco de trata de personas y reclutamiento forzado por parte de grupos delictivos, no puede permitirse este tipo de declaraciones irresponsables. Menos aún cuando las familias de las víctimas están en medio de un dolor indescriptible y exigen respuestas claras y contundentes.