• Gaby Flores
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Alguien debería avisarle a Ana Lilia Rivera Rivera que en Morena la receta rumbo a 2027 no se cocina a contentillo, por más que el aroma de la gubernatura empiece a marear.

La advertencia no viene de cualquier lado, Luisa María Alcalde, dirigente nacional del partido guinda, fue clara y sin adornos, las candidaturas no se reparten por capricho ni se acomodan al gusto de quien ya se siente sentada en la silla grande.

La senadora Rivera ha mostrado más que entusiasmo ante la posibilidad de que una iniciativa conocida popularmente como la “ley esposa” pudiera replicarse en Tlaxcala, pues la esperanza era sencilla, que una reforma legal allanara el camino que la operación política todavía no le garantiza.

Pero vayamos por partes, diría el clásico. ¿Qué es la famosa “ley esposa”? Se trata de una iniciativa presentada originalmente en el Congreso de San Luis Potosí, que propone reformar artículos clave de su Constitución local y de la Ley Electoral, el planteamiento es contundente, que en el proceso electoral ordinario de 2027 únicamente se registren candidaturas de mujeres para la gubernatura de ese estado.

En el papel, la iniciativa se vende como un avance histórico en materia de paridad, pero en la práctica, para muchos, huele más a traje a la medida que a política pública estructural. Una simulación, dirían algunos.

Eso mismo fue lo que señaló Alcalde Luján al advertir que no se puede usar la causa de las mujeres como moneda de cambio o comodín electoral.

Si una reforma de este tipo se aplicara, suponiendo, claro está, en Tlaxcala, el efecto sería inmediato, abrirle la puerta a Ana Lilia Rivera para encabezar la candidatura de Morena al gobierno del estado.

Pero como bien reza el dicho popular, del plato a la sopa se cae la cuchara, y en este caso, parece que la sopa ya tiene dueño o al menos otro cocinero mejor posicionado.

Todo indica que Rivera Rivera tendrá que seguir formada si es que quiere mantenerse en la partida, solo que el panorama, queridos lectores, no se pinta favorable para la senadora, parece estar más cerca de quedarse sin postre que de saborear la gubernatura.