Al final de este 2025 estamos convocados a reflexionar sobre el año que termina; hay muchas lecciones. En esta ocasión me refiero a nuestro hermano país de Chile. Allá se encendió una alerta política que vale la pena mirar sin pasión y sin ingenuidad. En la segunda vuelta presidencial del 14 de diciembre de este agonizante 2025, José Antonio Kast ganó con 58.16 por ciento frente a 41.84 de Jeannette Jara. Su victoria se ha leído como un avance de la derecha radical en la región y como un golpe a la izquierda tras cuatro años en el poder.
La explicación fácil sería el famoso péndulo democrático, hoy toca izquierda, mañana derecha. No lo creo. Las sociedades no giran por inercia; se reordenan cuando se rompe el puente entre promesa y experiencia. Cuando el miedo cotidiano crece, cuando la inseguridad se vuelve conversación permanente, cuando la política suena lejana y la calle reclama atención urgente, aparece un terreno fértil para mensajes simples y duros. Kast hizo campaña con énfasis en orden, control y restricciones migratorias, y así conectó con un hartazgo real.
¿Qué lecciones deja para México? La primera es de resultados. Un proyecto como el de la 4T no se sostiene solo con identidad histórica. Se sostiene cuando la gente siente que el Estado atiende lo que más duele como la seguridad, ingreso, servicios, justicia cotidiana, trato digno. Si el derecho se percibe como favor, la democracia se adelgaza y la derecha se vuelve tentación.
La segunda lección es cultural y toca un nervio nacional. El tristemente célebre Alito Moreno dijo que el PRI es inmortal. Suena a bravuconada, pero encierra una verdad amarga. El priismo puede sobrevivir sin el PRI, como repertorio de prácticas que se reciclan cuando resultan rentables.
Gramsci lo explicó con precisión. La hegemonía no manda solo con fuerza; manda cuando logra que su manera de organizar la vida parezca normal. El PRI será inmortal mientras sigan vivas la palanca, la simulación, el clientelismo y el control como “sentido común”. La corrupción priista sobrevivirá en tanto el poder económico y el poder político coman en la misma mesa.
Necesitamos que el priismo deje de ser útil. Que la ciudadanía no necesite intermediarios para ejercer derechos. Que la transformación se mida por ética pública y bienestar social, no por control. Chile no nos dicta el futuro, pero sí nos advierte qué pasa cuando se descuida lo esencial, cuando no se demuelen las estructuras identitarias del priismo.
Nos costó mucho trabajo la conquista del poder público y grandes hombres y mujeres dieron la vida a este proyecto de transformación; por eso necesitamos que el poder esté al servicio del pueblo. Debemos aniquilar ese “gen” priista que supone que el poder se impone y sirve para servirse, y no para servir a los pobres y mejorar las condiciones materiales de las y los trabajadores. Aprendamos la lección.
Feliz 2026 y profundicemos la 4T
Con afecto,
Homero Meneses Hernández

