Estoy en la sala, mi familia descansa y yo leía el libro de la presidenta Claudia Sheinbaum “Diario de una Transición Histórica”, así que como me suele pasar me motivo y escribo. Ojalá que me lea cuando menos mi viejo, amable y único lector, aquí va:
2026 llega como llegan los años decisivos, con ruido de fondo, urgencias reales y una disputa abierta por el sentido de lo público. Es el último año completo de esta administración encabezada por la licenciada Lorena Cuéllar, y por eso será un periodo de definiciones y de balance.
En Tlaxcala y en México habrá quienes sueñen con una regresión neoliberal, con el libreto de ajustes y privilegios; pero también estaremos quienes, desde el territorio, busquemos profundizar la Cuarta Transformación, no como consigna sino como política concreta de bienestar, derechos y dignidad laboral.
La incertidumbre es una maestra dura. Empuja a algunas personas a moverse por miedo o por cálculo corto, a tomar decisiones precipitadas, a apostar por el atajo. Ahí importa tener claro el camino y firme el propósito. Yo veo el 2026 con expectativa, incluso con emoción, porque obliga a demostrar que el servicio público debe ser serenidad y resultados.
Será también el año en que la rumorología se vuelva deporte. Aparecerán expertos de temporada, vendedores de certezas, fabricantes de fantasías para sus clientes y para los clientes de sus clientes. Hablarán con una seguridad envidiable, construirán datos con una suposición, y luego citarán esa suposición como si fuera evidencia. Si uno revisa la comentocracia de hace apenas un año, previa la elección presidencial, encontrará predicciones solemnes y olvidadas. Con ternura recuerdo a nuestro Loret de Mola tlaxcalteca, tan seguro de sus pronósticos como rápido para pasar a la siguiente profecía.
Frente a ese carnaval, los retos políticos y profesionales son simples y exigentes. Hacer, no especular. Gobernar, no improvisar. Escuchar a la gente, no a los ecos. Sobre todo, estudiar. Volver a los clásicos para entender la construcción del poder y sus disputas permanentes. Marx para la lucha de clases, Weber para la responsabilidad, Gramsci para la batalla cultural. Escuchar al pueblo para entender y atender.
En educación, 2026 obliga a consolidar lo avanzado, cuidar el presupuesto, sostener la transparencia, fortalecer la escuela pública y dejar bases institucionales que sobrevivan al ciclo electoral. Será año de fantasías y de decisiones. Que las nuestras sean reflexivas, humanas y valientes.
Feliz día y que todos los días que están por venir sea de emoción y fascinación.
Con afecto,

