• Gaby Flores
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En Morena en Tlaxcala, el tablero rumbo a 2027 ya cruje bajo el peso de ambiciones, traiciones y movimientos que no esperan a nadie.

Si 2025 fue un año de calentamiento entre los suspirantes a suceder a Lorena Cuéllar, 2026 promete ser el año de los empujones, los deslindes y las definiciones.

En ese reacomodo de fuerzas, un movimiento reciente no pasó desapercibido, el del diputado local Vicente Morales Pérez, quien tras levantar la mano como aspirante a la candidatura morenista decidió bajar del templete y subirse a otro escenario. Su destino, el equipo de Alfonso Sánchez García.

Morales Pérez no solo declina una aspiración personal, apuesta por un proyecto que, hoy por hoy, parece tener mejor oxígeno político. El alcalde capitalino sigue construyendo, ladrillo a ladrillo, una candidatura que ya no es rumor sino estructura, suma territorio, suma operadores y suma nombres que hasta hace poco jugaban en otras canchas.

En contraste, la escena que rodea a Ana Lilia Rivera es la de una aspirante obligada a mirar desde la penumbra. Su proyecto, que alguna vez se vendió como inevitable, hoy se tambalea entre deserciones y una narrativa que pierde fuerza.

Morena está en plena depuración interna, y como suele ocurrir en estos procesos, no todos llegan al final del camino, algunos se adelantan.

El 2027 aún parece lejano, pero en Tlaxcala las cartas ya están boca arriba y el juego, para varios, ya empezó a definirse.