• Homero Meneses Hernández
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Arrancamos la semana con una escena que a la derecha le produce urticaria, vimos a una Presidenta que habla con Donald Trump y no se arrodilla. Claudia Sheinbaum sostuvo una llamada este 12 de enero y, otra vez, dejó claro lo que debería ser obvio para cualquier patriota incluso para quienes se disfrazan de “patriotas” con banderita en la solapa a ¡México se le respeta!
Lo curioso es ver cómo, desde el PRIAN y su comentocracia, desean la catástrofe. Se quieren alimentar del fracaso del país porque viven de vender miedo. Sueñan con marines, con “mano dura” importada, con el viejo guion imperial que convierte países en patio trasero y pueblos en daños colaterales, es por ello que les molesta la diplomacia que defiende la soberanía sin gritos, con firmeza y con razón.
Sí, México va bien, y vamos a ir mejor, pero parte de ello es reconocer nuestros problemas, algunos de ellos son estructurales que solo se resuelven tocando intereses. Uno es el trabajo infantil, esa vergüenza que el capitalismo normaliza cuando empuja a las familias a sobrevivir como puedan. En 2022, según el INEGI a nivel nacional, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años estaban en situación de trabajo infantil, 13.1 por ciento. En Tlaxcala, la tasa fue de 10 por ciento, alrededor de 32 mil 792 menores.
La estrategia debe ser frontal y de clase, lo primero, ingreso y bienestar para hogares trabajadores, porque la pobreza no es defecto moral, es relación de explotación. Segundo, inspección laboral real y sanción a quien se beneficie del trabajo infantil, sin “acuerdos” ni simulación. Tercero, escuela como territorio de organización, no solo de trámite. Paulo Freire nos enseñó que educar es tomar partido, leer el mundo para transformarlo. Si la comunidad aprende a nombrar la injusticia, también aprende a detenerla.
Defender la soberanía también es que ningún niño tenga que cambiar cuadernos por jornadas.
Con afecto soberano,
Homero Meneses Hernández