La entrega de plazas definitivas en educación básica no es un acto administrativo más. Se trata, en realidad, de la materialización de una larga lucha histórica del magisterio mexicano por la dignidad laboral, la certeza en el empleo y el reconocimiento del trabajo docente como una función social indispensable para la transformación del país.
Esta día, en Tlaxcala, 86 maestras y maestros recibieron su plaza definitiva correspondiente al ciclo escolar 2025-2026. Lo hicimos con apego estricto a la normatividad vigente, garantizando legalidad, transparencia y equidad.
No es un dato menor, durante décadas, el acceso al servicio educativo estuvo marcado por la discrecionalidad, el favoritismo y la injusticia. Hoy, en cambio, los procesos se rigen por reglas claras y verificables, y eso coloca a Tlaxcala como referente nacional en la defensa de los derechos laborales del magisterio.
Pero en ese acto también hubo un mensaje político y ético. Felicité a cada docente por su logro individual, por su esfuerzo y preparación. Sin embargo, les recordé algo fundamental, nadie llega solo. Cada plaza definitiva es posible gracias a generaciones de maestras y maestros que lucharon, resistieron y, en muchos casos, dieron la vida por una educación pública gratuita, laica y con justicia social. Decirles eso, en la Sala Lucio Cabañas de la SEPE-USET, es un botón de orgullo y acto de justicia histórica.
La estabilidad laboral no es un privilegio; es un derecho conquistado colectivamente. Por eso les pedí que no olviden su origen, que ejerzan su función con compromiso social y con apego a los principios de la Nueva Escuela Mexicana, poniendo en el centro a las niñas, niños y adolescentes, especialmente a quienes más lo necesitan.
Hoy el Estado recupera su responsabilidad como garante de derechos. Y el magisterio, con certeza laboral, tiene una tarea histórica, formar conciencia crítica, construir comunidad y seguir siendo columna vertebral de la transformación social que vive México.
La confianza es mutua. El pueblo confía en sus maestras y maestros. Y nosotros confiamos en que honrarán esa historia de lucha con trabajo, ética y compromiso.
Con afecto definitivo,
Homero Meneses Hernández

