• Homero Meneses Hernández
.
Son momentos de reflexión. No de duda ni de vacilación, sino de claridad serena. Cada inicio de año y de ciclo obliga a detenerse un instante, no para improvisar, sino para confirmar el rumbo. Reflexionar es un acto de responsabilidad política, una forma de ordenar compromisos entregados por la palabra, convicciones y traducirlas en decisiones.
En esos ejercicios necesarios de pausa consciente, uno no parte de la nada. Se parte de la experiencia; del aprendizaje; y de los referentes que han demostrado que el servicio público puede tener densidad histórica.
En mi caso, vuelvo a José María Morelos y Pavón y a los Sentimientos de la Nación, no como una pieza solemne del pasado, sino como una brújula viva. Ahí se establece con claridad que el poder solo tiene sentido cuando busca moderar la opulencia y la indigencia, cuando se pone al servicio de la justicia y de la dignidad del pueblo. Esa línea no se ha roto. Hoy se proyecta, con nuevas palabras y nuevos contextos, en lo que llamamos Humanismo Mexicano, una continuidad histórica que coloca nuevamente a la persona, al trabajo y a la comunidad por encima del mercado y del privilegio.
También regreso con a la figura de Jaime Torres Bodet, me lo recordó un buen amigo, y no por nostalgia, sino por coherencia. La vida pública de Torres Bodet demuestra que se puede servir al país desde la educación, desde la institución, sin convertir cada responsabilidad en una ambición electoral. Transformar también es sostener, construir y cuidar lo público con disciplina y sentido social.
Reflexionar, entonces, no es preguntarse si el objetivo es correcto. El objetivo es claro. Transformar para beneficiar al pueblo. Mejorar las condiciones materiales de trabajo. Hacer que el salario mínimo sea realmente suficiente para vivir con dignidad. Garantizar derechos que durante décadas fueron negados. La reflexión sirve para precisar los cómo, no para poner en duda los para qué.
Por eso no hay un solo camino, hay caminos que confluyen en un mismo horizonte de justicia social. La tarea es transitarlos con firmeza, con congruencia y sin perder el sentido histórico. Pensar el rumbo no es retroceder. Es reafirmar hacia dónde y para quién se camina.
Con afecto reflexivo,
Homero Meneses Hernández