Hay días que no deberían existir, días que pesan desde que amanece y que obligan a detenerlo todo. Hoy fue uno de esos, la noticia llegó temprano y, como siempre que ocurre, dejó un nudo en la garganta y una sensación de impotencia que no se va.
Cuando una niña, un niño, una adolescente o un joven pierde la vida, algo siento que se quiebra, se nos rompe en el tejido más profundo de la sociedad. Pero cuando esa vida se apaga por decisión propia, el dolor se multiplica y se debe convertir también en pregunta incómoda.
No se trata solo de una tragedia individual, nadie debiera pensar que fue solo la mala decisión de una persona, es una llamada de atención colectiva.
El Estado no existe únicamente para administrar recursos o imponer normas, existe para crear condiciones de vida digna, para acercarnos a la felicidad posible, para garantizar que nadie camine solo; por eso cada vida que se pierde, es una derrota compartida, una falla del pacto social que nos compromete con la libertad, la igualdad y el bienestar común.
La salud mental no puede seguir siendo un tema marginal ni un asunto que se atienda solo cuando la emergencia ya estalló.
En Tlaxcala hemos dado pasos importantes, existen clínicas de las emociones gracias al DIF y hoy mismo se activaron mecanismos de atención en la Normal Rural de Panotla. Pero sería irresponsable conformarnos.
Seguimos reaccionando cuando lo que se necesita es prevenir, acompañar, escuchar antes de que el silencio se vuelva definitivo.
Desde una visión de izquierda, humanista y profundamente social, es claro que el cuidado emocional debe ocupar un lugar central en el proyecto de transformación. No como algo que se nombre, sino como compromiso real, transversal, presente en la escuela, en la comunidad, en la familia y en las políticas públicas; estoy convencido que la salud emocional debe formar parte de los 100 compromisos que orienten el rumbo que defendemos.
Hoy toca abrazarnos, acompañarnos y mirarnos con más humanidad. Buscar la felicidad no es un acto individual, es una construcción colectiva. Y también eso se aprende y se defiende.
Con afecto, dolor… y esperanza.
Homero Meneses Hernández

