Hay debates que no pueden seguir ocurriendo lejos de nosotros, como si fueran asuntos ajenos o exclusivos de otras latitudes. Este es uno de ellos. Un debate que ya se resolvió en Australia, que se discute con seriedad en el Reino Unido y que comienza a tomar forma en varios países de América Latina y en algunos estados de nuestro propio país, se trata de un debate que, nos guste o no, llegará a la mesa de cada hogar, y en Tlaxcala no podemos ser espectadores.
Hablo del uso de las redes sociales, de la inteligencia artificial y de los dispositivos móviles que permiten acceder a esas herramientas poderosas, fascinantes, pero también profundamente riesgosas cuando no se acompañan de conciencia, regulación y responsabilidad colectiva.
Australia optó por prohibir su uso en las escuelas; en el Reino Unido el debate avanza entre especialistas, educadores y legisladores; en México, entidades como Querétaro y Durango ya legislaron, mientras que Guerrero desarrolló un protocolo específico. No es un tema menor ni una moda pasajera. Es una discusión que toca la infancia, la adolescencia, la salud mental, la convivencia escolar y, en el fondo, el tipo de sociedad que queremos construir.
La pregunta no es sencilla y por eso vale la pena formularla con honestidad. ¿Debe legislarse el uso de celulares y redes sociales en el ámbito escolar? ¿Debe resolverse mediante protocolos educativos claros y obligatorios? ¿O es una responsabilidad exclusiva de las familias? Tal vez la respuesta no esté en una sola vía, sino en la corresponsabilidad entre Estado, escuela y hogar.
En días recientes he tenido la oportunidad de informarme, de escuchar investigaciones serias y de participar en espacios de reflexión a los que fui invitado, sin cargo alguno al erario, lo cual también vale la pena decirlo.
La experiencia ha sido enriquecedora. Hoy tengo más preguntas que certezas, pero justamente de eso se trata el pensamiento crítico y la política pública responsable.
No tengo prisa por imponer una postura, pero sí urgencia por abrir el debate. Por ahora dejo estas preguntas a mi amable y único lector. Estoy convencido de que pensar juntos este tema es ya un primer acto de cuidado colectivo.
Con afecto cercano
Homero Meneses Hernández

