• Emilio Piedras
En política, las palabras son herramientas, pero también pueden ser trampas.

Recientemente, la Senadora Ana Lilia Rivera protagonizó un episodio que deja al descubierto no solo un temperamento explosivo, sino una desconexión preocupante con la naturaleza de su cargo.

Y es que, al ser cuestionada por periodistas y ciudadanos sobre su trayectoria y los resultados tangibles que ha entregado a Tlaxcala tras años en el Legislativo, su respuesta fue tajante: calificó de "estúpidos" a quienes osaron preguntar.

Ante la indignación pública, la Senadora intentó un malabarismo lingüístico para salir del paso. 

Aseguró que no hubo ofensa, pues según su interpretación, la palabra "estúpido" significa simplemente "necio" o "falta de inteligencia". Bajo esa lógica, la legisladora pretende que aceptemos que llamar "estupidos" a quienes las cuestionan es un acto de cortesía parlamentaria y no una ofensa.

Sin embargo, si aceptamos el juego semántico de la Senadora y abrazamos la definición de necedad como el eje de su discurso, es obligatorio devolver la pregunta al espejo: ¿Quién es, entonces, el verdadero necio en esta historia?

Hablemos de necedad. Necedad es insistir en que el cuestionamiento periodístico es un ataque, cuando en realidad es la base de la rendición de cuentas. Necedad es la de quien, habiéndose reelegido ya para el Senado, demuestra una ambición por seguir viviendo del erario sin explicar primero qué ha cambiado en la vida de los tlaxcaltecas gracias a su gestión.

Si "estúpido" es sinónimo de insistir en algo sin sentido, ¿no es acaso una necedad absoluta buscar por segunda vez una candidatura a la gubernatura cuando la narrativa de resultados está tan desdibujada que la única respuesta ante la prensa es el insulto?

La Senadora parece olvidar que preguntar por la trayectoria de un representante no es una impertinencia; es un derecho ciudadano y una obligación de la prensa. Lo que es verdaderamente "necio" o "estupido", (siguiendo el juego de que ambas palabras son sinónimo) es pretender aparecer en las boletas electorales una y otra vez, esperando que el votante guarde silencio y entregue su confianza a ciegas, sin balances ni inventarios de logros.

Al final, el uso de las palabras define a quien las pronuncia. 

Si preguntar es de "necios", entonces Tlaxcala necesita más ciudadanos y periodistas dispuestos a ejercer esa necedad. Porque entre quien pregunta por resultados y quien insulta para evitar darlos, queda claro de qué lado de la balanza está la verdadera carencia de argumentos.

Al final, ¿Quién es el o la necia o el estupid@? ¿Quién insiste en el poder por el poder mismo, o quienes simplemente exigen saber qué se ha hecho con él? 

La respuesta, por más que la Senadora intente disfrazarla de diccionario, la tiene el pueblo que ya no se conforma con adjetivos, sino que exige sustantivos y no adjetivos: hechos y resultados.