• Valentín Lima
El escenario político en Tlaxcala atraviesa una etapa de ajustes internos en Morena.

Con la consolidación del gobierno de Claudia Sheinbaum y la mira puesta sobre la sucesión del ejecutivo estatal en 2027, el partido busca moderar posturas y enfocarse en resultados. 

En ese contexto, la posición de Ana Lilia Rivera genera debate y pierde fuerza. 

Sus recientes declaraciones contra la prensa y la ausencia en actos relevantes del partido guinda han sido interpretados por algunos como señales de aislamiento político. 

A ello se suma la crítica por haber respaldado una versión de la reforma laboral que pospone su implementación total hasta 2030, en contraste con la propuesta original que planteaba dos días obligatorios de descanso.

Mientras tanto, sus comunicados enfatizan un “periodo intenso” en el Senado y la necesidad de gobernar con honestidad. 

No obstante, se sabe que en su entorno político se han integrado perfiles antes vinculados al viejo régimen que Morena prometió erradicar.

En este escenario, el liderazgo de la de Calpulalpan enfrenta su peor momento, no hay coherencia entre su discurso y la práctica.