• Homero Meneses Hernández
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Siempre me he sentido orgulloso de Latinoamérica, de su historia profunda, de su tradición rebelde, de su cultura viva que no se resigna nunca a la injusticia.

 

Gran parte de ese amor lo aprendí escuchando a los trovadores sociales que marcaron a toda una generación. Ahí están las voces de Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Mercedes Sosa, que con guitarra en mano nos enseñaron que la música también puede ser conciencia. 

 

Ellos sembraron en muchos de nosotros la idea de una patria grande, esa América Latina que Simón Bolívar soñó como una gran nación unida.

 

Desde aquellas canciones que denunciaban las dictaduras hasta las expresiones contemporáneas —como la voz potente de Residente y Bad Bunny— la música latinoamericana ha seguido recordándonos quiénes somos. Un continente lleno de colores, de sabores, de dignidad y de memoria.

 

Quizá por eso hoy me siento profundamente molesto y dolido al escuchar las ofensas de quien probablemente pasará a la historia como uno de los peores presidentes que ha tenido Estados Unidos. 

 

Un hombre que, ante la incapacidad de resolver los problemas de su propio país —la crisis de drogas, la violencia en sus ciudades, la desesperanza de miles de jóvenes— prefiere mirar hacia el sur para repartir amenazas.

 

Resulta indignante escuchar amenazas contra países soberanos y, peor aún, escuchar cómo se refiere a nuestro idioma con desprecio. 

 

El español, que hablan más de 500 millones de personas en el mundo, no es una ofensa, es una de las lenguas más ricas y hermosas de la humanidad.

 

También duele ver a algunos representantes latinoamericanos prestarse a ese espectáculo, cuando sabemos que nuestros pueblos no se sienten representados por la sumisión.

 

Más triste todavía es observar cómo, incluso ante estos agravios, la derecha mexicana representada en el PRIAN siguen soñando con la intervención extranjera, olvidando la larga historia de invasiones y humillaciones que nuestro país ha tenido que resistir.

 

Latinoamérica ha pasado por dictaduras, intervenciones, bloqueos y traiciones. Y aun así seguimos de pie.

 

Fuerza Latinoamérica. Este momento podrá ser oscuro, pero nuestra historia demuestra que los pueblos dignos siempre terminan levantándose. 

 

Con afecto y Esperanza latinoamericana para mi amable y único lector.