El presidente municipal de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, enfrenta un escenario cada vez más complicado en su aspiración de convertirse en el candidato de Morena al gobierno del estado. Lo que hasta hace algunos meses parecía una ruta construida desde el poder local, hoy luce como una carrera cuesta arriba, marcada por decisiones internas del propio partido y por una realidad política que no ha logrado modificar.
La primera razón tiene que ver con el nuevo contexto político que ha impuesto el partido guinda. El reciente acuerdo del Consejo Nacional de Morena para prohibir los actos anticipados de campaña —como la colocación de espectaculares, la promoción personalizada o la entrega de apoyos con fines de posicionamiento político— choca directamente con la estrategia que el alcalde capitalino venía desplegando desde hace meses.
Si bien legalmente Sánchez García no está obligado a separarse del cargo de presidente municipal para buscar una candidatura futura, el nuevo marco interno del partido limita severamente las formas en que puede promover su imagen. En otras palabras, el terreno donde había venido construyendo su posicionamiento político quedó súbitamente restringido por las propias reglas de su partido.
La decisión partidista también coloca en una situación incómoda a su principal impulsora política: la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros. Durante meses, diversos actores políticos locales han señalado que desde el gobierno estatal se promovía abiertamente la figura del alcalde capitalino como el perfil de continuidad.
Sin embargo, el nuevo escenario obliga a la mandataria a actuar con mayor prudencia e imparcialidad. En teoría, su papel debería ser el de una gobernadora que garantice condiciones equitativas para todos los aspirantes del movimiento, algo que hasta ahora ha sido motivo de cuestionamientos entre distintos grupos internos de Morena.
El dilema también alcanza a la dirigencia estatal del partido. Bajo la conducción de Marcela González Castillo, Morena en Tlaxcala ha sido señalado por sectores internos de inclinar sus acciones hacia el proyecto político de su esposo, el propio alcalde capitalino. Esta circunstancia ha alimentado la percepción de que el aparato partidista ha operado más como un respaldo político que como una instancia imparcial.
Pero más allá de las tensiones internas y de las nuevas reglas del partido, existe una segunda razón que complica el camino del alcalde: los números.
A pesar de la intensa promoción política que ha acompañado su gestión municipal y del evidente despliegue de recursos públicos y estructura política, Sánchez García no ha logrado consolidar un crecimiento suficiente en las mediciones de preferencia interna.
Por el contrario, la figura que se mantiene con mayor posicionamiento en el escenario estatal es la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, quien desde hace tiempo aparece encabezando diversos ejercicios demoscópicos dentro del movimiento.
La diferencia entre la legisladora y el resto de los aspirantes no solo se ha mantenido, sino que en varios casos se ha ampliado, consolidando una ventaja política que no parece sencilla de revertir en el corto plazo.
Ese dato es particularmente relevante en un partido como Morena, donde las candidaturas se definen fundamentalmente mediante encuestas. En ese terreno, lo que realmente pesa no son las estructuras gubernamentales ni las estrategias de promoción territorial, sino el nivel de reconocimiento y aceptación entre la ciudadanía.
Por eso, mientras las nuevas reglas del partido limitan los métodos de promoción anticipada y las encuestas continúan mostrando una ventaja clara para la senadora Rivera Rivera, el alcalde capitalino enfrenta un escenario complejo.
La carrera por la candidatura de Morena al gobierno de Tlaxcala apenas comienza, pero para Alfonso Sánchez García el camino, más que despejado, se observa cada vez más empinado.

