• Homero Meneses Hernández
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El expresidente Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado sencillo pero profundamente humano, nos convocó a apoyar al pueblo de Cuba en un momento difícil.
Cuando publiqué que algunas personas habíamos decidido cooperar, no tardaron en aparecer las críticas. Varias voces dijeron algo que parece lógico en apariencia pero que, revela una visión profundamente egoísta: “primero resolvamos nuestras necesidades y luego ayudamos a otros”, dicen esas voces.
Ese argumento parte de una idea individualista y perversa que, si se llevara hasta sus últimas consecuencias, significaría que nadie ayudaría jamás a nadie. Si una persona decide que sólo puede tender la mano cuando haya resuelto todos sus problemas, entonces nunca llegará ese momento. Siempre habrá algo pendiente, algo por mejorar, algo por resolver.
Lo mismo ocurre con las sociedades. Si un pueblo decide que sólo podrá solidarizarse con otro pueblo hermano cuando haya alcanzado la perfección material, entonces la solidaridad desaparece del mundo.
El dolor humano no funciona por turnos. No es primero yo, luego yo y al final yo otra vez. La ética colectiva nos enseña algo distinto, se trata de que avancemos juntos, nos cuidamos entre nosotros y, al mismo tiempo, extendemos la mano a quien lo necesita.
Cuba es un pueblo digno que durante décadas ha resistido la intromisión y el abuso de una potencia militar que, en su propia decadencia imperial, intenta arrastrar a otros pueblos en su caída.
Frente a esa presión histórica, la solidaridad no es un gesto simbólico; es un acto de dignidad entre naciones que se reconocen hermanas.
Por eso apoyar a Cuba no es abandonar nuestras causas. Es recordar que los pueblos libres se sostienen unos a otros cuando arrecia la tormenta.
Con afecto y solidaridad latinoamericana.
Homero Meneses Hernández