• Gaby Flores
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A Ana Lilia le gusta llamarse “imparable”. La pregunta es, ¿imparable hacia dónde?
La víctima de una supuesta “guerra sucia”, la figura atacada, la protagonista de una conspiración que busca frenar su ascenso, pero quizás el enemigo de la senadora no está afuera.

Los hechos cuentan otra historia. Videos donde descalifica como “estúpidos” a quienes cuestionan su desempeño; publicaciones que más que construir una voz propia, parecen eco de posicionamientos ajenos; fotografías que generan dudas sobre sus alianzas con tal de seguir en el poder, y ante todo ello, una respuesta que suena a evasión de sus equivocaciones, que es inteligencia artificial.

Hay quienes insisten en que existe una estrategia para denostar su imagen, puede ser, pero incluso la mejor campaña en contra necesita materia prima, y esa materia prima, en este caso, parece provenir de la propia protagonista.

Porque nadie puede sabotear una aspiración con tanta eficacia como quien se niega a reconocer sus propios errores.

El 2027, que alguna vez se dibujó como horizonte, hoy luce más como algo que se aleja con cada paso mal dado, aunque mientras el discurso sigue anclado en la victimización, la realidad avanza mostrándose en su caída en las encuestas.

Lo verdaderamente “imparable” no es su carrera política, es su ego, ese que no admite errores, que rechaza la crítica y que, lejos de impulsarla, la empuja cada vez más lejos de su propio destino.