• Luis Castillo | Columna
- La sombra de Aduanas sigue llegando a Tlaxcala.

Lo ocurrido este 31 de marzo no puede verse como un simple relevo burocrático. La salida de Rafael Marín Mollinedo de Aduanas y su reubicación en otro espacio político solo confirma lo que muchos ciudadanos sospechan desde hace tiempo: la red de poder no desaparece, solo cambia de lugar.

Los nombres son los mismos.

Los intereses parecen ser los mismos.

Y las explicaciones, como siempre, brillan por su ausencia.

Rafael Marín Mollinedo junto con Ricardo Peralta arrastran desde hace años cuestionamientos públicos por su cercanía con grupos de poder y por haber ocupado una posición clave en una de las áreas más sensibles del país: las aduanas, donde históricamente se han denunciado redes de contrabando, millones de litros de huachicol fiscal y tráfico de influencias.

Pero lo más grave es que, al mismo tiempo, Ricardo Peralta aparece colocado en la representación del gobierno de Tlaxcala en la CDMX.

¿Con qué mérito?

No es de Tlaxcala.

No conoce su historia.

No representa a su gente.

No tiene arraigo ni trayectoria en el estado.

Entonces, la pregunta que la ciudadanía debe hacerse es clara:

¿a quién viene realmente a representar?

Porque todo apunta a que este nombramiento responde más a compromisos políticos, cuotas de poder y protección entre aliados que a una verdadera función institucional.

Mientras los ciudadanos exigen gobiernos honestos y transparentes, los mismos personajes cuestionados siguen siendo reciclados en nuevos cargos.

Hoy uno sale de Aduanas.

Mañana otro aterriza en Tlaxcala.

La estructura sigue viva.

La red sigue operando.

Y el silencio oficial solo alimenta las sospechas.

La ciudadanía merece saber qué hay detrás de estos nombramientos.

Que no nos distraigan: no son cambios, son reacomodos.