• Felipe Hernández Hernández
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Dice una frase popular que la confianza se da una vez, pero se gana todos los días. Es muy común escuchar esta afirmación en el ámbito familiar, laboral y político, pero también aplica para todas las actividades y relaciones humanas.

Confianza viene de confiar, dice el Diccionario de la Real Academia Española, de tal manera que confiar es creer firmemente en la bondad, sinceridad o capacidad de alguien o de algo, implica depositar la esperanza o la responsabilidad en otro con la seguridad de que las acciones que tome serán benéficas para el logro de un proyecto o en la consecución de un bien mayor.

En las democracias contemporáneas, la confianza constituye un valor superior porque los individuos depositan en un representante del poder ejecutivo o legislativo y, ahora también del judicial, la responsabilidad de que tomen decisiones que redunden en un beneficio colectivo y no individual o de grupo.

Este confiar significa que una persona otorga su seguridad y su esperanza, en otra persona, con la certeza de que tiene la capacidad de hacer y de lograr lo que de manera individual es muy difícil de obtener, por ejemplo, empleo digno y decente, acceso a instituciones de educación y salud, seguridad física y patrimonial, es decir, mejorar sus condiciones de vida.

Hay diversos estudios que miden la confianza que tienen los ciudadanos en sus representantes o en sus gobiernos, uno de ellos es el que realiza la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico). En su reporte publicado a inicios de este año resalta que en promedio el 35.1 por ciento de los latinoamericanos confía en sus gobiernos, pero un porcentaje superior confía en los medios de comunicación (42 por ciento); otro dato relevante es que hay ligeramente una mayor confianza hacia los gobiernos locales (37 por ciento) que hacia los gobiernos nacionales (35.1 por ciento).

México, señala la OCDE, con un 53.6 por ciento de confianza, está arriba del promedio de Latinoamérica que es del 39 por ciento y que los mexicanos afirman tener una buena satisfacción en los servicios educativos (64%) y de salud (53%), sin embargo, no obstante, estos datos, hay una tendencia que no pasa desapercibida; el concepto de “mucha confianza” en el gobierno federal bajó del 18.4 al 13.3 por ciento en el periodo de septiembre 2024 a septiembre 2025, y en contraparte el concepto “mucha desconfianza” se incrementó del 14.8 al 16.6 por ciento en el mismo periodo.

Los principales factores que minan la confianza de los ciudadanos son la delincuencia, la corrupción, la inflación y la pobreza, sin embargo, es la inseguridad el factor clave que erosiona la confianza institucional, seis de cada diez personas lo destacan como el principal factor de desconfianza (INEGI/ENSU).

Un aspecto esencial que influye en la confianza o desconfianza de los ciudadanos, lo constituyen los medios por los cuales se informan de lo que sucede a su alrededor; el 72 por ciento lo hace a través de las redes sociales (INEGI).

Este hecho es muy relevante porque permite a los ciudadanos conocer y cuestionar lo que sus gobiernos afirman o no informan, por ejemplo, el pasado 18 de marzo circuló una foto en las redes sociales donde se veía a una persona tomando el sol en una de las ventanas del Palacio Nacional, la cual rápidamente se viralizó, la foto fue tomada por un maestro de Zacatecas que estaba en un plantón de la CNTE en el zócalo de la Ciudad de México.

Los voceros del gobierno, específicamente Infodemia, institución que fue creada en 2020 para combatir la desinformación, señalaron que era falso, que era producto de la Inteligencia Artificial y buscaron por distintos medios descalificar esa imagen o desviar la atención de los comunicadores, sin embargo, el 30 de marzo la propia Presidenta tuvo que admitir la veracidad de la foto; horas más tarde, Infodemia rectificó su postura y ofreció una disculpa a sus lectores.

Este hecho deja a los ciudadanos con muchas dudas ¿en qué otras cosas nos estarán mintiendo, ocultando la verdad o tergiversando los hechos? Si la institución creada para combatir la desinformación es la que esta desinformando.

Andrés Pérez Ortega, especialista en desarrollo de marcas, afirma que una marca, personal, comercial o de otro tipo, basa su fortaleza en la credibilidad, en la confianza, porque de nada sirve que alguien sea muy bueno si no lo ha demostrado o lo que es peor si cada cosa que hace lo debilita.

Ya lo dice el refrán popular, de santo me espanto, del pillo no tanto.