• Horacio González
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Por momentos, la política local no necesita adversarios: basta con la acumulación de hechos para colocar a un actor en el centro de la crítica pública. Ese parece ser el caso del presidente municipal de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, quien hoy transita por un escenario adverso marcado por cuestionamientos legales, debilidad en resultados de gobierno, desaprobación ciudadana y, ahora, factores naturales que amplifican el descontento.

No es menor el dato de que 12 de las 21 denuncias presentadas ante el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) estén dirigidas en su contra. Las acusaciones por presuntos actos anticipados de campaña, promoción personalizada y posicionamiento político no sólo dibujan una estrategia adelantada, sino también una exposición innecesaria que hoy le pasa factura.

A este escenario se suman las denuncias que enfrentan la diputada local Aurora Villeda Temoltzin y el legislador Vicente Morales Pérez, señalados por promover las aspiraciones del alcalde rumbo a la gubernatura. Lejos de fortalecer una posible candidatura, estos episodios contribuyen a instalar la narrativa de una operación política que rebasa los tiempos y las formas, debilitando la legitimidad de cualquier proyecto futuro.

Pero si el frente legal es complejo, el balance de gobierno no ofrece mejores noticias. Diversos señalamientos ciudadanos apuntan a deficiencias en obra pública y, sobre todo, a un deterioro en la seguridad. La capital tlaxcalteca ha dejado de ser percibida como un espacio seguro, y los hechos recientes en comunidades como San Lucas Cuauhtelulpan -donde incluso feligreses fueron asaltados en un templo religioso- evidencian que el problema ya no es focalizado, sino expansivo. La inseguridad, cuando se descentraliza, se convierte en una crisis de gobernabilidad.

Ese desgaste tiene una traducción clara en la opinión pública. La última medición de Consulta Mitofsky ubica al alcalde en el lugar 134 de 150, con apenas 37.3% de aprobación. Más allá de la cifra, lo relevante es la tendencia: una percepción ciudadana que no logra revertirse y que, por el contrario, parece profundizarse conforme se acumulan los problemas.

Y cuando el contexto parecía ya suficientemente adverso, llega otro factor: las lluvias. La reciente granizada del fin de semana no sólo dejó afectaciones materiales, sino también una ola de críticas por la capacidad de respuesta del gobierno municipal.

La temporada apenas comienza, y con ella un riesgo latente: que cada evento climático se convierta en un recordatorio de las debilidades institucionales. En política, los fenómenos naturales no se controlan, pero sí se gestiona su impacto. Y ahí es donde se evalúa a las autoridades.

En este contexto, el proyecto político de Sánchez García rumbo a la sucesión estatal comienza a mostrar fisuras. Ni el respaldo de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros parece suficiente para revertir una percepción que se deteriora en múltiples frentes. La candidatura de Morena al gobierno del estado no sólo depende de apoyos internos, sino de viabilidad electoral, y hoy esa viabilidad está en entredicho.

El problema de fondo no es un solo tema, sino la convergencia de varios: denuncias, resultados cuestionables, desaprobación ciudadana y coyunturas adversas. Es así que para el alcalde capitalino, el reto ya no es sólo resistir el momento, sino reconstruir credibilidad.