Son 14 mil toneladas de fertilizante que empiezan a dispersar para comprar voluntades. La orden de la gobernadora es: “si el insumo no basta, se autoriza "doblar el recurso", pero frenen a los campesinos”.
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros ha pasado de la represión brutal a la extorsión institucional. Con el "agua al cuello" y las manos manchadas por la violencia ejercida por los granaderos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) contra los productores de Nanacamilpa, la mandataria ahora intenta sofocar las llamas de la indignación campesina con una estrategia tan perversa como desesperada: la entrega condicionada de fertilizantes.
Bajo instrucciones "urgentes" a la Secretaría de Impulso Agropecuario (SIA), el gobierno estatal ha comenzado a movilizar insumos con una cláusula de sumisión absoluta. Recibir el apoyo significa firmar una sentencia de silencio: los campesinos son obligados a "comprometerse" a no participar en futuras protestas.
Ya no se trata de fomento al campo, sino de un bozal pagado con recursos públicos. Resulta incendiario que esta administración, que durante años ha bloqueado el acceso al fertilizante a los verdaderos productores —utilizándolo únicamente como dádiva electoral—, hoy lo use como moneda de cambio para limpiar su imagen tras los garrotazos.
Este medio de comunicación ha tenido acceso a documentos exclusivos que confirman la magnitud del soborno institucional: son 14,000 toneladas de fertilizante las que se pretenden dispersar para comprar voluntades. La orden desde el despacho estatal es tajante: si el insumo no basta, se autoriza "doblar el recurso" económico con tal de garantizar la parálisis de las bases campesinas.
Es una bofetada a la dignidad rural. Mientras los productores exigen precios justos, seguridad y apoyos estructurales, Cuéllar responde con el asistencialismo más rancio, intentando canjear el futuro del campo por un bulto de fertilizante y la promesa de no protestar.
Lo más alarmante es el desaseo administrativo de esta maniobra distractora. Mientras en Nanacamilpa se apresuran a "agilizar" la recepción de granos y repartir promesas de inversión, en municipios como Sanctorum, Tocatlán, Huamantla, Hueyotlipan, Cuapiaxtla y Zitlaltepec, la opacidad es total.
El gobierno mantiene estos sectores en los registros oficiales como "sin información", demostrando que no existe un plan real de apoyo, sino una estrategia focalizada de manipulación y contención de daños para evitar que la rebelión del campo tlaxcalteca se vuelva incontrolable. Cuéllar no busca la soberanía alimentaria; busca la paz de los sepulcros mediante el chantaje del hambre.

