Hace varios años circuló un video donde un niño de nombre Mateo le reclamaba airadamente a su amigo Nico porque no lo dejaba jugar en los términos que habían acordado, diciéndole: “Te pasas Nico, te pasas”.
Esta simple expresión se hizo viral, adquirió millones de visitas en prácticamente todas las redes sociales y un gran número de personas lo utilizó para referirse coloquialmente a hechos que desde su punto de vista eran injustos.
Algo similar ocurrió recientemente. “Se pasan de lanza”, dijo la Presidenta en una conferencia matutina al referirse a empresarios gasolineros que no respetan el acuerdo voluntario que tuvieron con el gobierno para mantener el precio del diésel a un máximo de 28.30 pesos.
A la luz de los hechos internacionales que hemos conocido desde hace algunos meses, bien merecería decirle al Presidente de los Estados Unidos: “Te pasas Trump, te pasas”, cuando, sin recato alguno, ha tomado decisiones políticas que son contrarias a las tendencias globales actuales y a los principios elementales de la convivencia internacional afectando al mundo en su conjunto.
Uno de ellos fue retirarse del Acuerdo de París que trata sobre la obligación de los Estados para revertir el cambio climático, este acuerdo es fundamental porque los países firmantes se comprometen a realizar acciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y no llegar a lo que muchos especialistas ya denominan el paso del calentamiento global a la ebullición global.
Otra decisión fue abandonar a la Organización Mundial de la Salud (OMS) argumentando que ésta tuvo una mala gestión ante el COVID-19, al retrasar la declaratoria de emergencia y por una supuesta falta de independencia al elogiar a China por el manejo de la pandemia durante las primeras semanas.
Una más fue su orden ejecutiva “Verdad biológica”, donde solo reconoce el género masculino y femenino, esta decisión podría enrarecer el ambiente para las personas de la diversidad sexual y crear un clima de intolerancia y discriminación.
En estos pocos ejemplos se percibe una actitud de irresponsabilidad social, pero también de que su autoridad la concibe más allá de sus fronteras y se maneja con un pensamiento autoritario y excluyente, cuya máxima es: si no estás conmigo o como yo pienso, estas contra mí.
Esta actitud no es exclusiva de este personaje porque muchas autoridades de todos los niveles de gobierno de nuestro país actúan en modo similar. Piensan que durante su período de gobierno pueden hacer y decir sin respeto de las normas o cambiando las normas para ajustarla a sus fines, que sus palabras son verdades incuestionables y que sus actos están libres de toda responsabilidad.
Un ejemplo infortunado es el informe sobre los desaparecidos que recientemente se presentó en las conferencias del Palacio Nacional, donde se informó que de 133 mil personas reportadas como desaparecidas solo se reconocía a un poco más de 43 mil casos, señalando que el resto incluía a nombres que reportaron alguna actividad posterior o porque su ficha tenía tan pocos datos que era imposible emprender su búsqueda.
El Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada, cuestionó este informe señalando que este delito se comete de manera sistemática y generalizada contra la población; el gobierno replicó, diciendo que este argumento era tendencioso porque la mayoría de estas desapariciones fueron cometidas por organizaciones delincuenciales y no por el Estado.
Otro ejemplo es lo que ocurrió en Sinaloa; el DIF estatal, a cargo de la hija del Gobernador, asignó un contrato de 356 millones de pesos a una empresa creada poco tiempo antes de la licitación, sin experiencia en el ramo y que contaba con solo dos empleados, cuando se le cuestionó al Gobernador, respondió que todo se hizo conforme a la ley y con total transparencia.
Después de que esta irregularidad se hizo pública, curiosamente la empresa ya no se presentó a firmar el contrato, el Gobernador, sin recato alguno, afirmó que la empresa tuvo 15 días después del fallo y, al no presentarse a firmar, el contrato se le podría asignar a la otra empresa participante.
En nuestra entidad, está el caso del Presidente de Mazatecochco, que no es el único, quien enfrenta graves acusaciones por violencia política de género, obstrucción de funciones a regidores, falta de transparencia en el manejo de recursos, retención indebida de salarios y un manejo autoritario del cabildo; cuando se le ha cuestionado simplemente evade, niega los hechos, dice que lo quieren desprestigiar o utiliza la fuerza pública para no declarar.
Ya lo dijo la Presidenta: ¡Se pasan de lanza!

