En política, las encuestas no definen por sí solas las candidaturas, pero sí delimitan el terreno de juego. La más reciente medición de Enkoll publicada por El Universal ubica a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera con una ventaja contundente en la preferencia efectiva dentro de Morena rumbo a la gubernatura: 46%, frente al 27% del presidente municipal de la capital, Alfonso Sánchez García. No es una diferencia marginal ni volátil. Es una brecha estructural.
Bajo ese contexto, el margen de maniobra del alcalde capitalino se reduce. Y es precisamente en momentos como este cuando se definen las trayectorias políticas de largo plazo: por la capacidad de leer el momento y actuar en consecuencia.
En semanas recientes ha trascendido un escenario discutido en círculos políticos cercanos: si Sánchez García no obtiene la candidatura de Morena, podría buscarla por otra vía partidista, incluso en una fuerza política emergente de cara a 2027. Sin embargo, hoy en día Morena mantiene una ventaja considerable frente a sus competidores. Su activo principal no es solo la candidatura, sino la marca partidista.
En este escenario, lo más racionales que Alfonso Sánchez García permanezca en Morena y ajuste su estrategia. Permanecer en Morena le permitiría al alcalde capitalino mantener vigencia política dentro de la fuerza dominante en el estado. En un contexto donde el partido conserva una ventaja de dos dígitos frente a la oposición, romper con esa estructura implicaría renunciar a una plataforma electoral altamente competitiva.
Además, existe un factor de mediano plazo: la política no se agota en una sola elección. Un cierre ordenado de su administración municipal, acompañado de una postura institucional frente al proceso interno, podría colocarlo en una posición relevante para otras definiciones, ya sea en el ámbito estatal o federal.
Incluso en un escenario donde no obtenga la candidatura a la gubernatura, su capital político podría traducirse en espacios de negociación dentro del propio movimiento: posiciones legislativas, responsabilidades en el partido o incluso acuerdos de gobernabilidad en caso de triunfo de Morena en 2027.
En contra parte, explorar una candidatura fuera de Morena es, sin duda, un escenario riesgoso. Si bien en términos formales cualquier actor político puede buscar cobijo en otra fuerza partidista, en la práctica el contexto de Tlaxcala no parece favorable para esa decisión. Las mismas mediciones que muestran la desventaja interna del alcalde también evidencian la fortaleza de Morena frente a partidos como PRI, PAN o Movimiento Ciudadano.
Optar por una candidatura externa implicaría enfrentar no solo a una figura puntera como Ana Lilia Rivera Rivera, sino a una estructura partidista que hoy domina la preferencia electoral. En ese escenario, el margen de éxito se reduce considerablemente. A ello se suma un costo político adicional: la narrativa de ruptura.
En un partido que ha construido buena parte de su identidad en torno a la lealtad al proyecto, una salida en medio del proceso interno podría ser interpretada como una decisión precipitada, más cercana a la inconformidad personal que a una estrategia sólida.
Incluso si la apuesta fuera por un partido emergente, como se ha insinuado en algunos círculos, el reto sería mayor: construir estructura, posicionamiento y competitividad en un periodo relativamente corto frente a un adversario consolidado.
El dilema de Alfonso Sánchez García no es menor. Como actor político con presencia territorial y responsabilidad de gobierno, tiene incentivos legítimos para aspirar a la candidatura. Pero la política también exige calibrar la viabilidad de esas aspiraciones. Hoy, los datos disponibles sugieren que la contienda interna de Morena tiene una favorita clara. Ante ello, las opciones del alcalde no pasan necesariamente por insistir en una ruta de confrontación o ruptura, sino por redefinir su estrategia en función del contexto.
Permanecer en Morena, fortalecer su gestión y construir acuerdos podría no ser la opción más inmediata en términos de ambición, pero sí la más consistente en términos de futuro político. Salir, en cambio, abre un camino incierto donde el margen de maniobra es menor y los riesgos mayores. Esa es la disyuntiva que hoy enfrenta el delfín.

