En la columna del día 4 advertía sobre la ligereza con la que algunos celebran la desgracia ajena y reproducen, casi sin pensarlo, los marcos narrativos del poder imperial. Lo decía a propósito de Venezuela, pero el problema es más profundo y más amplio. No se trata de un país en específico, sino de una lógica histórica que hoy vuelve a mostrarse sin pudor: la del imperialismo voraz que, ante su decadencia, prefiere incendiar el mundo antes que aceptar un orden más justo y humano.
Estados Unidos atraviesa una crisis estructural. Económica, política y moral. Ya no es el imperio triunfante que dictaba reglas con legitimidad fabricada. Es un poder en agonía que recurre a la amenaza, al bloqueo, a la guerra híbrida, a la desestabilización y a la mentira mediática para sostener una hegemonía que se le escapa de las manos. Cuando un imperio cae, su reacción no es la mesura, sino la violencia. La historia lo ha demostrado una y otra vez.
Frente a ese escenario, México tiene una responsabilidad histórica. Nuestra soberanía no es una consigna retórica ni un adorno constitucional. Es el resultado de luchas, de pueblos que se negaron a ser colonia, patio trasero o reserva de mano de obra barata. La soberanía es el alma del pueblo de México, y defenderla hoy es defender el derecho de los pueblos del mundo a decidir su propio destino.
Por eso me sumo y convoco a sumarnos a las Jornadas en defensa de la soberanía nacional, que convoca Morena a través del Instituto Nacional de Formación Política. No como un acto protocolario de dos días, sino como un ejercicio de conciencia política, de formación, de organización y de dignidad. Porque la soberanía no se defiende solo en los discursos oficiales, se defiende en la plaza pública, en la conversación colectiva y en la claridad ideológica.
Hoy más que nunca debemos decirlo con firmeza:
Rechazamos el imperialismo violento y voraz.
Rechazamos la idea de que el mundo deba ser sacrificado para sostener los privilegios de unos cuantos.
Rechazamos la lógica de la guerra, del saqueo y de la imposición.
Pero también es momento de señalar con claridad que la derecha mexicana, el PRIAN, promueve abiertamente el intervencionismo, sueña con la tutela extranjera y no tiene reparo en pedir injerencia externa con tal de recuperar privilegios perdidos. Esa postura no solo es antipatriótica, es profundamente peligrosa.
Ante ello, la respuesta no puede ser solo electoral ni coyuntural. Necesitamos fortalecer la formación política, recuperar el pensamiento crítico y construir conciencia histórica. Por eso dedicar nuestros esfuerzos a fortalecer los círculos de estudio, espacios de reflexión colectiva que devuelvan sentido a la humanidad, arraigo a nuestra idea de patria mexicana y claridad frente a los desafíos de este tiempo. Porque solo un pueblo consciente puede ser verdaderamente soberano.
Con afecto soberano y colectivo,
Homero Meneses Hernández

