Esta semana estuvo marcada por contrastes profundos, de esos que sólo la vida pública —cuando se asume con responsabilidad— sabe colocar frente a nosotros.
Mientras el turismo presume cifras alentadoras y las universidades del mundo discuten su futuro inmediato, la educación vuelve a recordarnos que no es un asunto técnico, sino profundamente humano.
Tuve el honor de participar nuevamente, invitado por la Fundación Varkey y la asociación Araucaria, en encuentros internacionales celebrados en el Reino Unido, entre Londres y la Universidad de Cambridge. Coincidimos ministras, ministros, secretarias y secretarios de educación de América Latina en una agenda exigente que combinó reflexión académica, diálogo político y visitas a escuelas, ya lo comentaré aquí para mi amable y único lector.
Nos recibieron Agustín Porres, director regional de la Fundación Varkey, con su extraordinario equipo, y Charles Clarke, ex ministro de Educación del Reino Unido. Ejercicios de esta naturaleza ya los habíamos vivido en Washington el año pasado, en un contexto global que hoy confirma muchas de las alertas que entonces se plantearon.
En 2023 me invitaron a Madrid; decliné la invitación por cautela. Hoy no me arrepiento, pero reconozco que estos espacios —cuando son serios y bien intencionados— permiten contrastar ideas, reafirmar convicciones y traer aprendizajes útiles a nuestro territorio.
En medio de ese diálogo internacional, la realidad se impuso con fuerza. Desde Tlaxcala, como en esta Bitácora registré, recibí noticia dolorosa, el fallecimiento de una compañera de la Normal Rural. Días antes había conversado con sus compañeras de generación, jóvenes que iniciaron su formación docente al mismo tiempo que comenzó esta administración y que hoy están por egresar. Su presencia fue un acto de reconciliación y aprecio mutuo por lo que juntos vivimos; también un recordatorio de que el normalismo rural sigue siendo un pilar de justicia social y movilidad para miles de familias. Defenderlo no es nostalgia, es convicción que comparto.
La agenda continuó, pero con el peso inevitable de la preocupación. Coordinamos de inmediato con las instituciones correspondientes y la conversación derivó hacia un tema que cruza fronteras, la salud mental. En Cambridge, en Londres y en la Cámara de los Lores y otros espacios que vistamos quedó claro que esta es una de las grandes deudas de los sistemas educativos contemporáneos. Cambian los contextos, no las urgencias.
Las reuniones con Jaqui Smith, Secretaria Ministra de Habilidades del Reino Unido, y con la Baroness Morgan of Cotes permitieron conocer cómo se legisla hoy en torno a tecnología, educación y bienestar emocional. Son discusiones que México ya da y que en Tlaxcala asumimos con responsabilidad.
Visitamos también una escuela de educación especial. Hubo genuina sorpresa cuando compartí que la gobernadora de Tlaxcala es maestra de esa modalidad. No es un dato menor, la política educativa también se construye desde la experiencia.
Cierro reconociendo al exgobernador Alfonso Sánchez Anaya, quien celebra su cumpleaños. Gracias a él salí por primera vez del país. Con memoria institucional y gratitud republicana, ¡larga vida!
Con afecto reflexivo,
Homero Meneses Hernández
PD. Les dejo una foto que me encantó. Un aplauso para quien me encuentre.
Es la cena que nos ofrecieron en Corpus Christi College, Cambridge, Reino Unido.

