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En medio de los pendientes, rezagos y cuestionamientos que arrastra el sector turístico a nivel nacional, la secretaria de Turismo del Gobierno de México, Josefina Rodríguez Zamora, ha comenzado a llamar la atención no por resultados de su gestión, sino por su vida personal y sus vínculos políticos.
De manera extraoficial se confirmó que la funcionaria federal se comprometió el pasado 18 de enero, fecha que coincide con el aniversario de su relación, con Iván García Juárez, actual titular de la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de Tlaxcala (PROPAET), dependencia clave dentro del gobierno estatal.
Aunque no existe una fecha oficial, versiones cercanas a su círculo apuntan a que la boda podría realizarse en 2027 en Tlaxcala, entidad de origen de la secretaria y donde ambos mantienen presencia e influencia dentro de estructuras gubernamentales, lo que ha comenzado a generar incomodidad y suspicacias en el ámbito político.
El anuncio del compromiso ha desatado cuestionamientos sobre la mezcla de relaciones personales con cargos públicos, así como sobre la concentración de poder entre funcionarios de distintos niveles de gobierno, en un contexto donde la transparencia y la ética pública son constantemente exigidas por la ciudadanía.
Mientras tanto, la Secretaría a su cargo enfrenta desafíos urgentes en promoción, reactivación y resultados tangibles, mismos que contrastan con la creciente exposición mediática de la titular por asuntos ajenos a su función.
Y es que el enfoque de su gestión se diluye entre agendas personales y reflectores políticos, en un sector estratégico que sigue esperando respuestas ante un desastroso desempeño como funcionaria federal.


