- Política
En la política tlaxcalteca, el cinismo suele servirse en plato de plástico y con copia de salsa verde. La reciente aparición en redes sociales del alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, "disfrutando" de unos antojos callejeros, no es más que el enésimo episodio de una comedia barata titulada "El Señor de las Chalupas y la simulación para el 2027".
Bajo la apariencia de una comida casual, las imágenes revelan una coreografía ensayada.
No vemos a un ciudadano común alimentándose; vemos al "delfín" de la gobernadora Lorena Cuéllar, imitándola, intentando desesperadamente sacudirse el olor a privilegio para sustituirlo por el de la grasa del comal.
Ponchito en la clásica táctica del político que, sabiéndose distante de la realidad ciudadana, recurre al "baño de pueblo" para intentar conectar con un electorado al que solo voltea a ver cuándo necesita un voto.
Es un guion que su madrina Lorena Cuéllar patentó, muchas chalupas, moles y abrazando “viejitos”. Es la apología de la mentira entre fritangas y demagogia
La estrategia es tan vieja como burda. Al igual que su mentora, Sánchez García ha entendido que en Tlaxcala la ruta al poder se pavimenta con abrazos a ancianos, fotos con niños y, por supuesto, la obligatoria escala en los puestos de garnachas.
Es ofensivo para la inteligencia del tlaxcalteca que se pretenda vender una imagen de sencillez mientras la realidad del municipio es otra. ¿De qué sirve que el alcalde sepa exprimir un limón en un taco si no sabe cómo resolver la inseguridad, el bacheo que durará menos tiempo que sus aspiraciones o la falta de servicios básicos en las comunidades que solo visita cuando hay cámaras de por medio?
La crítica es clara: Los políticos como el “delfín”, son capaces de cualquier cosa —engañar, simular y mentir— con tal de mantenerse en el poder y robarse el presupuesto. Sánchez García no está comiendo por hambre; está "comiendo" por ambición.
Este comportamiento no es fortuito. El mensaje oculto tras estas fotos es la consolidación de su camino hacia la sucesión gubernamental en 2027. La gobernadora busca heredar el trono y Alfonso Sánchez García es la pieza elegida.
Para lograrlo, han decidido replicar el modelo de populismo visual: mostrarse como "uno más", ocultando tras el comal el linaje político, la dinastía que los tlaxcaltecas ya no quieren y las estructuras de poder que realmente representan.
La política de la "fritanga" es un insulto a la pobreza y a la cotidianidad de la gente. Mientras miles de familias tlaxcaltecas luchan para que el dinero alcance, el alcalde utiliza sus mesas como set fotográfico.
Si Alfonso Sánchez García cree que un taco le dará la gubernatura, subestima gravemente la memoria y la dignidad de un pueblo que ya está cansado de ver cómo los mismos de siempre se disfrazan de pueblo para seguir viviendo de él.
La verdadera cercanía no se mide en mordidas a una quesadilla, sino en la honestidad de un gobierno que no necesite de puestas en escena para ser respetado.


