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No les basta con inundar calles, comunidades y hasta bardas de propaganda electoral anticipada e ilegal —pasquines, calcomanías, lonas y pintas que violan la normatividad desde hace días—, ahora la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros y su delfín designado Alfonso Sánchez García impulsan una red de “reuniones de tamales” en todos los municipios: fiestas falsas disfrazadas de convivencia entre “amigos” cuyo único propósito es manipular la encuesta interna de Morena Tlaxcala que definirá la candidatura a la gubernatura a finales de febrero.
Las convocatorias que circulan por WhatsApp y Telegram, como del municipio de Ixtacuixtla, son descaradamente explícitas y delatan la operación en curso. Exigen a los asistentes “presentarse vestidos de blanco, prohibido usar gorras, distintivos morenistas, colores del partido o cualquier referencia a nuestro “candidato”, para simular neutralidad y eludir la fiscalización del INE y el IEPC.
La instrucción es muy precisa: “Las playeras son solo para la calle de manera personal. No son para brigadas o actividades”, advierten en los mensajes, en una hipocresía monumental: mientras ocultan los símbolos partidistas en el evento, el objetivo central es presionar y dirigir el voto en la encuesta hacia “el candidato” Alfonso Sánchez García.
Peor aún: se obliga a los “amigos” convocados a llevar a más personas “a la fuerza”, reproduciendo el clientelismo más rancio. Tamales, refrescos y sonrisas a cambio de lealtad forzada; comida por votos prefabricados; presión social para inflar artificialmente los resultados de una consulta que debería ser libre y democrática. Estas “tamalizas” no son actos espontáneos de fraternidad: son maquinaria electoral clandestina para torcer la voluntad de la militancia y garantizar la continuidad dinástica del grupo en el poder.
La gobernadora y su favorito no desperdician tiempo, recursos y dinero público —directo o indirecto— en asegurar que el botín del erario siga en manos del mismo clan. Lorena Cuéllar y Alfonso Sánchez no innovan: reciclan lo peor del régimen autoritario que juraron combatir, todo para perpetuar su control político y económico.
La ciudadanía tlaxcalteca ahora está expuesta y es rehén de tamales envenenados con ambición desmedida. Rechazar estas “tamalizas” manipuladoras es defender el voto auténtico y la verdadera transformación que tanto prometieron.


