- Política
En Tlaxcala no se vive una simple disputa política ni una confrontación electoral ordinaria. Lo que está ocurriendo es una crisis de sucesión dentro de una aristocracia política que ha gobernado el estado durante décadas y que, pese a los cambios de partido, nunca perdió el control real del poder.
Para entender los embates actuales, el uso del aparato estatal y la presión sobre figuras con legitimidad propia, es indispensable responder una pregunta central:
¿Qué es la aristocracia tlaxcalteca y cómo se maneja?
Qué es la aristocracia tlaxcalteca
La aristocracia tlaxcalteca no es una clase social formal ni una figura jurídica. Es un entramado histórico de familias, padrinos políticos, operadores e instituciones que aprendió a administrar el poder sin depender del voto libre.
Se formó en el PRI del siglo XX y se caracteriza por cinco reglas básicas:
El poder se hereda o se apadrina, no se irrumpe desde fuera.
La sucesión se decide en privado, antes de llegar a las urnas.
Las instituciones funcionan como escudo y herramienta.
La ideología es secundaria; la lealtad es central.
El actor autónomo es neutralizado o expulsado.
No importa el partido en el poder.
Importa pertenecer a la red.
Cómo se organiza y se reproduce el poder
La aristocracia tlaxcalteca opera mediante ligas de poder que se superponen y se protegen entre sí:
1. Liga fundacional
Nace con el diseño del poder moderno en Tlaxcala: padrinazgos, control del PRI y sucesión pactada. De aquí se desprenden cuadros, herederos y operadores.
2. Liga de herencia directa
Familias políticas que transmiten capital de poder de generación en generación. La sangre importa, pero solo si se mantiene alineada.
3. Liga legitimadora
Figuras con autoridad histórica y simbólica que avalan o vetan procesos. No gobiernan siempre, pero arbitran.
4. Liga institucional
Universidades, partidos y dependencias que funcionan como fábricas de legitimidad y refugio del poder cuando cambia el gobierno.
5. Liga administrativa
Gobiernos técnicos y disciplinados cuya función no es transformar, sino conservar.
6. Liga partidaria
Los partidos son vehículos, no identidades. PRI, PRD, PAN y ahora Morena han sido contenedores sucesivos de la misma red.
El poder que cambia de siglas, no de manos
Cuando el PRI comenzó a desgastarse, la aristocracia tlaxcalteca no desapareció: se recicló. La alternancia fue controlada y funcional. Morena llegó al poder, pero no llegó solo: llegó con las viejas redes reacomodadas.
Por eso, actores históricos del priismo local —con trayectorias distintas y discursos enfrentados— coinciden cuando el sistema se siente amenazado. No es ideología. Es supervivencia.
El verdadero miedo: perder el control del relevo
El embate contra figuras con legitimidad propia, particularmente Ana Lilia Rivera, no se explica por diferencias programáticas. Se explica porque rompe la lógica aristocrática:
No pertenece al linaje histórico.
No debe su carrera a los padrinos del sistema.
Tiene respaldo social y territorial real.
Para una estructura acostumbrada a decidir sin competir, la autonomía política es una amenaza existencial.
El uso del aparato estatal: propaganda y disciplina
A esta defensa del linaje se suma un elemento especialmente grave: el presunto uso del aparato gubernamental como herramienta política.
De acuerdo con versiones internas y testimonios de servidores públicos recabados bajo reserva de identidad, dependencias del gobierno estatal estarían siendo utilizadas para inclinar apoyos hacia Alfonso Sánchez García, no por convicción, sino por presión jerárquica.
Los señalamientos apuntan a áreas estratégicas como la Secretaría de Infraestructura, la Secretaría de Turismo y la Secretaría de Bienestar, donde personal operativo habría recibido exhortos directos o velados para alinearse políticamente bajo el argumento de “cuidar la institucionalidad”.
En los hechos, se trataría de disciplina política.
Cuando la función pública se vuelve obediencia
En una democracia, el servidor público es neutral. En un sistema aristocrático, la neutralidad estorba.
El mensaje implícito, según los testimonios, es claro:
quien no se alinea, queda fuera.
Estas prácticas no buscan convencer a la ciudadanía, sino controlar la estructura, cerrar filas internas y evitar que el poder escape del linaje.
Linaje contra legitimidad
La disputa actual no es entre izquierda y derecha. Es entre:
un poder que se hereda, y
liderazgos que se construyen con legitimidad social.
Cuando esas dos lógicas chocan, la aristocracia responde como siempre: presión, aislamiento, control institucional.
La verdadera “mafia del poder” tlaxcalteca
En Tlaxcala, la llamada mafia del poder no es una organización criminal ni una acusación penal. Es algo más eficaz: un sistema histórico de control del relevo, silencioso, disciplinado y adaptativo.
No necesita ganar todas las elecciones.
Le basta con decidir quién puede competir.
Tlaxcala vive hoy una crisis de sucesión aristocrática. La pregunta ya no es quién será candidato, sino si el estado seguirá gobernado por linajes y pactos privados o si la legitimidad social logrará, por primera vez en décadas, romper el cerco.
Si la aristocracia tlaxcalteca vuelve a imponerse, Morena no habrá transformado el poder: lo habrá heredado.
Y entonces quedará claro que en Tlaxcala el poder cambia de nombre, pero no de manos.


