- Elecciones
Piden estar atentos para borrarlas y evadir la fiscalización del INE.
- “Al diablo las instituciones electorales”, parece decir la gobernadora.
La impunidad electoral de manipulación del proceso de selección de la candidatura de Morena para el 2025, opera desde el búnker de la propia Casa de Gobierno de Tlaxcala.
Con información llegada a este medio, sé confirma que la sede es este inmueble en la capital del Estado, donde funciona el centro operativo para la red de ilegalidad electoral que busca imponer, a golpe de brocha y engaño, al alcalde capitalino como el sucesor designado por el "Clan Cuéllar-Sánchez García".
E consulta Tlaxcala tiene en su poder capturas de pantalla de conversaciones que documentan de forma irrefutable el "modus operandi" del oficialismo. Por razones de protección del informante, omitimos su publicación ante los riesgos de que se puedan tomar severas represalias en su contra.
En dichas conversaciones, se leen las instrucciones directas a través de un documento en PDF, para que brigadas de pintura saturen los municipios con el nombre de Alfonso Sánchez García con diseños “ya autorizados desde la Casa de Gobierno por la propia gobernadora”, que incluyen colores y tipografía que “deben usarse para pintar las bardas”.
Además, amenazan que en el caso de que los responsables por municipio no sigan las instrucciones, “ya saben a lo que se atienen”.
Sin embargo, la orden más grave es la que sigue a la pinta: borrarlo todo de manera urgente “en dos días” cuanto se reciba el "pitazo de que el INE realizará inspecciones”.
Es un fraude diseñado para violar la ley y operado en la oscuridad de las habitaciones de la Casa de Gobierno.
Este “manual” de ocultamiento es la confesión de una culpa. La gobernadora Lorena Cuéllar y su protegido, Alfonso Sánchez García, saben que están violando las leyes de fiscalización y los tiempos electorales. Su estrategia no es solamente convencer al electorado, sino también engañar a la autoridad federal.
Al ordenar que las bardas se pinten y se borren en un ciclo de 48 horas, el Clan busca que el Instituto Nacional Electoral (INE) no pueda documentar el gasto de campaña ni sancionar los actos anticipados de proselitismo.
Es una bofetada a los tlaxcaltecas que los recursos públicos y la inteligencia logística de la Casa de Gobierno se utilicen para jugar al "gato y al ratón" con la ley. La Gobernadora está dedicada a coordinar su aparato de poder para proteger y ungir a su candidato que carece de luz propia y que depende enteramente del influyentismo para sobrevivir a una encuesta que, tras estas revelaciones, queda marcada como una absoluta farsa.
El mensaje del Clan Cuéllar es claro: la ley es un estorbo que se puede borrar con un poco de pintura blanca. Tlaxcala no está ante una contienda democrática, sino ante una operación de ocultamiento donde el "delfín" Sánchez García es el beneficiario de un fraude sistemático orquestado desde el corazón del poder estatal.


