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  • Diego Oaxaca
Lo que Lorena Cuéllar y Alfonso Sánchez García hacen es una traición a los Ideales de Morena. Resulta indignante que, mientras el gobierno federal pregona el fin de los intermediarios y la corrupción, el aspirante bendecido por la Casa de Gobierno en Tlaxcala decida abrazar a quienes representan todo lo que se juró destruir.

En la política, hay líneas rojas que nunca deberían cruzarse, pero para Alfonso Sánchez García, el "delfín" de la gobernadora Lorena Cuéllar, la moral es un obstáculo desechable en su carrera hacia 2027. La reciente fotografía donde se le ve "fraternizando" con el movimiento Antorcha Campesina no es un acto de convivencia; es un pacto de sangre con el pasado más siniestro de México.

Antorcha Campesina es el brazo armado del viejo régimen, no es una organización social; es, históricamente, el grupo de choque por excelencia del viejo PRI. Durante décadas, operaron como un emporio de presión que utilizó la pobreza como carne de cañón para obtener prebendas, terrenos y millonarias partidas presupuestales. 

Su historial está manchado por acusaciones de caciquismo, extorsión y violencia. Bajo el cobijo del "PRIAN", este grupo se convirtió en una maquinaria electoral que intercambiaba votos por impunidad, enriqueciendo a sus líderes mientras mantenía a sus bases en la marginación.

Lo que Lorena Cuéllar y Alfonso Sánchez García hacen es una traición a los Ideales de Morena. Resulta indignante que, mientras el gobierno federal pregona el fin de los intermediarios y la corrupción, el aspirante bendecido por la Casa de Gobierno en Tlaxcala decida abrazar a quienes representan todo lo que se juró destruir. 

Alfonso Sánchez está jugando con fuego porque al sentarse con Antorcha, el candidato está aceptando las mismas prácticas clientelares que hundieron al país: votos a cambio de privilegios para una élite corrupta. Lo que le va a tener que dar a la organización, si él eventualmente llega al gobierno estatal, es inimaginable.
 
Este "pacto con el diablo" es una bofetada a la militancia de Morena que luchó por un cambio real. Sánchez García parece creer que el apellido y el padrinazgo estatal no son suficientes, y ahora recurre a la maquinaria antorchista para asegurar su camino.

Si Alfonso Sánchez García está dispuesto a venderle el alma al diablo, al grupo de choque del PRIAN con tal de ser gobernador, lo que le esperaría a Tlaxcala es un infierno. 

Antorcha es un compendio de corrupción, tráfico de influencias y extorsión, que no tiene nada de campesina. Hace que los gobiernos estatales sean rehenes, donde los intereses de grupos oscuros pesen más que el bienestar del pueblo. La imposición tiene precio, y lo podrían pagar todos los tlaxcaltecas.

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