• Gaby Flores
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En política, a veces lo que más molesta no es la propaganda, sino el entusiasmo genuino. Y eso es justo lo que parece estar ocurriendo en Tlaxco y Apizaco con la aparición de lonas en apoyo a Alfonso Sánchez García.

Las imágenes que circularon el fin de semana con la frase “En esta familia estamos con él” y “Mi corazón es para Alfonso Sánchez” causaron ruido, pero lo que no dicen es que en muchos casos son los propios ciudadanos quienes, por simpatía y afinidad política, deciden colocar estas lonas en sus domicilios, no hay delito en la expresión voluntaria de apoyo político cuando nace desde la iniciativa de cada persona. 

El propio alcalde ha sido contundente al deslindarse de cualquier operación institucional o financiamiento público detrás de estas expresiones, ha dicho que no autorizó ni coordinó la colocación de propaganda, y en un estado democrático, la palabra pública también cuenta.

Pretender que cada lona colocada por un simpatizante es parte de una conspiración orquestada desde el ayuntamiento resulta, por decir lo menos, una narrativa conveniente para sus adversarios.

Se habla de “brigadas”, de “doble gasto”, de una supuesta estrategia sistemática, pero hasta ahora lo que circula son fotografías y suposiciones, no resoluciones oficiales ni sanciones de autoridad electoral alguna, y si existiera una falta acreditada, correspondería a las instancias competentes determinarlo, mientras eso no ocurra, lo que hay es una disputa política amplificada.

¿Por qué tanto interés en convertir un fenómeno de simpatía ciudadana en un escándalo mayúsculo? ¿Quién gana manteniendo este tema en la agenda pública? Cuando la discusión gira más en torno al soporte físico, la lona, la barda, el espectacular, que, al proyecto político, quizás el fondo es otro, la preocupación ante un liderazgo que crece.

Minimizar la capacidad de decisión de la ciudadanía, insinuando que cada muestra de respaldo es producto de manipulación, termina siendo una forma sutil de descalificar su criterio. Familias que decidan expresar abiertamente su preferencia política debería leerse también como un signo de involucramiento democrático, no todo respaldo es impuesto, muchas veces es espontáneo.