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La simulación y el “agandalle” político que hoy domina Tlaxcala, porque las bardas han dejado de ser espacios de expresión popular para convertirse en monumentos al cinismo y al descaro.
La reciente ola de aparición de pintas en diversos puntos de la entidad con la leyenda "Hombre comprometido: E. Zapata va con el [Corazón]", operada por la maquinaria del Clan Cuéllar-Sánchez García, no es solo un acto de proselitismo anticipado; es la confesión abierta de una alarmante vacuidad y una limitación alarmante limitación intelectual.
Sánchez García y sus manipuladores que operan su campaña, son el signo del robo del discurso, al utilizar la palabra “Compromiso” en sus pintas de bardas, como un evidente plagio de ideas.
Resulta insultante, por decir lo menos, que, ante la incapacidad de generar un proyecto propio, Alfonso Sánchez García haya decidido "fusilarse" el núcleo discursivo de quien sí ha caminado el estado con una agenda legislativa sólida.
Mientras Ana Lilia Rivera ha consolidado en sus asambleas informativas el concepto de ser una "mujer de compromisos", arraigada en el esfuerzo y la lucha social, el "delfín" del palacio estatal intenta apropiarse de ese capital político mediante un burdo cambio de género en la frase.
La diferencia es abismal. Mientras que los seguidores de Rivera repiten con convicción que "ella es pueblo porque viene del esfuerzo y no de los privilegios", el equipo de Sánchez García solo puede ofrecer una imitación barata. No se puede comprar con pintura lo que no se tiene en la trayectoria.
Lo que el Delfín es en la realidad, es ser solo el títere tras las bardas, los espectaculares, las lonas, los pasquines y calcomanías.
Este plagio de ideas no es un error de comunicación; es el síntoma de una enfermedad más profunda: la falta de autonomía. Alfonso Sánchez García se exhibe ante los tlaxcaltecas no como un líder, sino como un títere manipulado por hilos familiares y cupulares.
Es una triste manera de aspirar al gobierno estatal: sin proyecto propio, sin la menor idea de lo que es administrar y bajo la sombra de un clan que cree que el poder es una herencia y no un ejercicio de servicio.
La estrategia del "Hombre comprometido" suena hueca porque el electorado sabe que detrás de esa barda no hay un plan de gobierno, sino una imposición. La "pobreza de ideas" es tal que ni siquiera pueden redactar un eslogan original, recurriendo al robo de la identidad política de una compañera de partido para intentar dotar de "alma" a una candidatura que nació muerta de carisma. Es un Insulto a la inteligencia de los tlaxcaltecas.
Tlaxcala al parecer ha despertado, y esa es la mayor amenaza para el Clan Cuéllar. El pueblo reconoce a quien ha luchado desde abajo y distingue perfectamente entre el compromiso real de una mujer que no se rinde y el compromiso de fachada de quien solo sabe seguir instrucciones de quienes están detrás de él.


