La administración estatal encabezada por Lorena Cuéllar Cisneros atraviesa uno de sus momentos más críticos, luego de que la más reciente evaluación de RUBRUM confirmara lo que para muchos ciudadanos ya es evidente: un gobierno rebasado, con bajo desempeño y cada vez más alejado de la gente.
Resultado de sus malas acciones y su indiferencia, además de los torpes errores que ha tenido desde el inicio de su administración, en abril de 2026 colocan a Cuellar Cisneros prácticamente en el sótano nacional, reflejando un desgaste profundo de una administración señalada por la falta de resultados, decisiones erráticas y una evidente incapacidad para atender los problemas más urgentes del estado.
El rubro más alarmante es el de seguridad pública, donde la gobernadora apenas alcanza 4.33 puntos, ubicándose en el lugar 28 del país. Esta cifra contradice el discurso oficial que insiste en presumir estabilidad, mientras que en la realidad la percepción ciudadana apunta a un clima de miedo, desconfianza y abandono institucional.
En desempeño general, el panorama no mejora. Con apenas 4.07 puntos y en la posición 29, la evaluación refleja un gobierno debilitado, sin rumbo claro y con una gestión que, lejos de mejorar, acumula críticas por su ineficacia. Para amplios sectores, se trata de una administración que no ha sabido responder, que improvisa y que ha dejado pendientes fundamentales sin resolver.
La cercanía con la población es otro de los puntos donde la mandataria queda mal parada. Con 4.45 puntos y nuevamente en el lugar 28, la percepción dominante es la de un gobierno distante, insensible y desconectado de la realidad que enfrentan miles de tlaxcaltecas.
El contraste con otros estados resulta contundente: mientras algunos gobernadores superan los 7 puntos, Tlaxcala permanece rezagado por más de tres unidades, evidenciando no solo un bajo nivel de aprobación, sino una crisis de confianza que se ha ido profundizando con el paso del tiempo.
Además, la mandataria aparece en el bloque de los peores evaluados del país, junto a perfiles que hoy simbolizan administraciones fallidas. Esto no es casualidad, sino consecuencia directa de una gestión marcada por polémicas, decisiones cuestionadas y una constante falta de resultados tangibles.
Lejos de revertir la percepción negativa, el gobierno estatal parece atrapado en una inercia de errores, con una imagen pública deteriorada y crecientes señalamientos por su desempeño. Para muchos ciudadanos, los datos de RUBRUM no hacen más que confirmar una realidad: Tlaxcala vive bajo un gobierno reprobado, sin dirección y con una crisis abierta que sigue profundizándose.

