• Horacio González
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En Tizatlán, una casa con pasado electoral volvió a abrir sus puertas. No como recuerdo histórico, sino como centro de operación política. Ahí están llegando presidentes municipales, directores de área y servidores públicos de distintos niveles. No van a debatir ideas ni a construir propuestas: van por línea… y propaganda.

La instrucción es concreta: respaldar al alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, el perfil que desde el gobierno estatal se empuja como relevo rumbo a 2027.

Lo que ahí se distribuye no es solo propaganda. Son directrices: dónde colocar mantas, qué mensaje repetir, cómo posicionar un nombre que, fuera del aparato, sigue sin consolidarse.

Hace algunos días en Huamantla, en un evento encabezado por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, varios alcaldes recibieron una petición incómoda: “cooperar” para garantizar asistencia. Hasta 20 mil pesos en algunos casos. No para gestión, no para obra pública: para llenar un evento. El mismo evento donde apareció el alcalde de la capital. Así funciona la operación.

En municipios, colonias y comunidades, comenzaron a aparecer mantas con una sincronía que no deja lugar a dudas. No son expresiones espontáneas. Las imprimieron servidores públicos. Las repartieron estructuras institucionales. Y las colocaron bajo instrucción.

Las bardas siguen la misma lógica. No es apoyo, es cuota. Funcionarios de mayor nivel, mayor número de bardas. Una campaña territorial armada desde arriba, medida, distribuida, ejecutada.

Y sin embargo, el dato que incomoda al grupo en el poder es otro: que su estrategia no funciona. No hay crecimiento. No hay conversación pública a su favor. No hay identificación real. Y lo más delicado: en las mediciones que sí se revisan en privado, el escenario no cambia. La distancia para alcanzar a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera es de entre 18 y 22 puntos.

El problema no es de exposición. Es de origen. El alcalde no ha logrado construir una narrativa propia que lo despegue de quien hoy lo impulsa. Y eso, en el contexto actual, pesa. Porque cargar con el respaldo de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros también implica cargar con el desgaste de su gobierno.

En política, la continuidad solo funciona cuando hay resultados que defender. Cuando no los hay, se convierte en un ancla. Por eso la operación se intensifica con más reuniones, más mantas, más bardas y más presión interna.

Quienes operan las aspiraciones del alcalde capitalino parecen desconocer que en Tlaxcala hay otros actores, otros grupos y otros intereses que están viendo con claridad que se está intentando construir una candidatura desde el aparato. Forzar esa definición no solo está generando inconformidad, está provocando ruptura debido a que no ven en el alcalde capitalino ni arraigo ni legitimidad

Tizatlán, Huamantla y, más recientemente, Ocotlán con la entrega de hasta 1000 pesos por voto para hacer ganar a su candidato para encabezar la Comisión de Agua Potable, son solo ejemplos, pero hay varios más. Todo eso se les está revirtiendo.