- Educación
La llegada del Instituto Politécnico Nacional a Tlaxcala fue anunciada por el gobierno estatal como uno de los proyectos educativos más importantes de la administración de Lorena Cuéllar Cisneros. Sin embargo, a más de cinco años del arranque del proyecto, estudiantes de la UPIIT denunciaron que continúan estudiando en condiciones precarias, sin instalaciones dignas y con una evidente falta de respuesta por parte del gobierno estatal.
Las denuncias de alumnos exhiben un panorama de abandono: aulas provisionales con goteras, sanitarios inservibles, ausencia de laboratorios especializados y daños estructurales que se agravaron tras la fuerte granizada registrada en abril, cuando incluso colapsó parte de un techo dentro de las instalaciones.
Tras ese incidente, estudiantes señalaron que las clases volvieron a modalidad virtual y, hasta ahora, nadie les ha informado cuándo podrán regresar de manera presencial ni cuál será la solución definitiva al problema.
La molestia crece porque, pese a los anuncios oficiales, discursos y recursos públicos destinados al proyecto, la sede definitiva del IPN en Tlaxcala sigue sin concretarse completamente, mientras cientos de jóvenes continúan tomando clases en espacios improvisados.
Alumnos también acusaron falta de atención de las autoridades estatales, pues aseguran que el gobierno ha evitado dar respuestas claras sobre los retrasos, las fallas en infraestructura y el destino de las inversiones destinadas a consolidar el campus.
Para estudiantes y padres de familia, el proyecto que fue vendido como símbolo de modernidad educativa terminó convertido en un ejemplo de improvisación, retrasos y promesas incumplidas.
Los quejosos responsabilizan al gobierno de mantenerse distante del conflicto y no presentar hasta el momento una ruta concreta para resolver las deficiencias que afectan diariamente a la comunidad estudiantil.
Mientras tanto, jóvenes de la UPIIT continúan enfrentando incertidumbre académica, instalaciones deterioradas y la sensación de que el proyecto educativo más presumido del sexenio terminó atrapado entre la simulación y el abandono institucional.


