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Apizaco, Tlax.- Una serie de hechos curiosos que en su momento llamaron la atención en Tlaxcala, desde hace tres o cuatro décadas, quedaron inscritos en los anales de la historia, es el caso de una niña que se perdió en lo alto de la montaña.
Los hechos acontecieron en torno a una familia respetable de Apizaco, que vivió horas de zozobra y angustia, al ver que pasaban las horas y la niña no aparecía por ningún lado.
Vinieron elementos de rescate, policía e incluso del Ejercito Mexicano para peinar la zona, particularmente en un área plagada de profundas y peligrosas barrancas, que a la fecha hace dudar de la sobrevivencia de algún extraviado.
La niña, ahora convertida en afamada profesionista narra que la época que le correspondió vivir la mayor parte de su infancia y adolescencia, es la de los años setenta y ochenta.
Prefiera guardar el anonimato y el de su familia.
Narra una serie de experiencias y anécdotas que tuvo durante su infancia, “pero mi vida la marcó aquella amarga experiencia que tuve al extraviarme en “La Malinche”, por más de 24 horas.
Mi madre recuerda que aquel sábado doce de marzo del año de 1977, a las seis de la mañana vio partir a sus pequeños hijos, en compañía de mi padre, íbamos todos muy contentos, puyes nos emocionaba volver a escalar la montaña.
Pero más ver a la ciudad de Apizaco desde la cima, mi madre le dijo entonces a mi hermano José Luis, “cuida a tu hermana Lupita, no se vaya a perder, me acerque a lla para despedirme.
Me abrazó y me dio un beso, así partimos, en esa ocasión ella no fue porque se quedó en casa a preparar la merienda, para festejar el cumpleaños de mi hermano Javier, pasamos también por una tia y su novio.
Al llegar a la montaña, subimos hasta el llano en donde nos detuvimos a desayunar y a jugar un rato, posteriormente ascendimos aproximadamente a las dos de la tarde, pero a mí me dio mal de montaña y me dejaron recostada debajo de un árbol.
Cuidaba de mi tía y su novio, mientras mi papá y mis hermanos continuaron con la subida, mi padre cuenta que al llegar casi a la cima, con unos binoculares se percató de que iba yo caminando en dirección opuesta de donde se encontraban.
Por lo que de inmediato bajó, dejando a mis hermanos en la cima, casi al llegar al lugar en donde nos había dejado, encontró a mi tia y esta le dijo a mi papá ¡Lupita desapareció!
Mi padre preocupado comenzó a buscarme, llamándome en repetidas ocasiones ¿Lupita, dónde estás? Y al no obtener r4spuesta inmediatamente bajó al albergue, dirigiéndose a su vehículo para trasladarse a Apizaco por ayuda.
Primeramente llegó al cuartel militar que se encontraba en lo que actualmente es la presidencia municipal, a dar aviso a los militares, que su pequeña hija de tan solo seis años de edad, se había extraviado en la Malinche.
Después acudió a la presidencia municipal, ubicada en lo que hoy es el Centro Cultural “La Libertad” a dar aviso al presidente municipal, quien en ese e3ntonces era el señor Rodolfo Rosas.
De inmediato giró instrucciones a la policía, para que a su vez avisara al Ejército Mexicano a la Cruz Roja, al presidente municipal de Huamantla, a los municipios circunvecinos, para que fueran en mi búsqueda.
Por su parte el gobierno del Estado, quien estaba presidido por el lic, Emilio Sánchez Piedras, solicitó la ayuda del vecino Estado de Puebla, para que proporcionara un helicóptero, ya que el estado de Tlaxcala no contaba con uno.
Posteriormente tuve la fortuna de saludar al Gobernador, mientras mi padre dio aviso a la radiodifusora local, Discoteca Vila, propiedad de un señor Huerta Hernández, para que diera a conocer la noticia y se invitara a todos a buscar a la niña extraviada.
Tras esto, vecinos, amigos y familiares fueron a ver a mi madre para preguntarle qué había pasado y ofrecerle ayuda, inmediatamente el padre Marcial fue a verla y le dijo que en ese momento en la misa de las siete de la noche, iba a pedir a Dios que me localizaran pronto.
Por lo que comenzaron a sonar las campanas de la iglesia, reuniéndose los feligreses, las madres josefinas, quienes en aquella ocasión festejaban una kermesse y a alevar sus oraciones.
De inmediato se formaron brigadas de rescate con todos los ciudadanos que quisieron participar en mi búsqueda, entre ellos el Club de Leones de Apizaco, al que pertenecemos y era presidido por Placido Rodríguez Fabris.
El grupo número uno de los Boys Scouts de Apizaco, al que pertenecía mi hermano Luis, así como mis familiares y voluntarios. La señora Lupita Montiel de Loranca, Alicia Zarur de Escalante fueron a ver a mi madre y a consolarla.
Ya que no podían creer, cerca de 300 personas fueron a peinar la Malinche, mi padre cuenta que llegaron los elementos del cuartel militar a la montaña, cerca de las nueve de la noche.
Hacía mucho aire, ya había oscurecido y la neblina había bajado, había luna llena y se reflejaba en las barrancas, así subieron a la montaña, con antorchas, lámparas, cohetes, bombas, rifles, machetes, cobijas y perros.
Utilizaron los cohetes para espantar a los coyotes, quienes aullaban fuertemente, los machetes para cortar la maleza y las zonas que ocupaban los socorristas, para atarlos a sus cuerpos, bajando de ese modo las barrancas.
La intención era la localización, para ver si me encontraba en algún lugar, para esas horas temiendo lo peor, durante todo el transcurso de la noche me4 estuvieron buscando.
Inclusive fueron dos personas que según eran adivinos, diciendo que ellos sabían dónde encontrarme, uno de mis tíos les exigió que le dijeran dónde me encontraba, pero siendo estos unos charlatanes, optaron por retirarse.
Así también el municipio de Huamantla, por su parte, hizo lo pertinente dando aviso a la ciudadanía, por medio de la radiodifusora Radio Huamantla, de quien es propietario el señor Raúl Romero Rivera.
También apoyaron José Hernández Castillo, quien era el presidente de la Cruz Roja, así como también el presidente municipal, entre todos organizaron brigadas de búsqueda en al parque central.
Se sumaron brigadas de rescate, y quienes me cuentan que llegaron a las doce de la noche cerca de unas cien personas, para auxiliarnos y así en medio de esa búsqueda transcurrió la noche.
Mi hermana platica que ella y mis hermanos se quedaron en la montaña, hasta pasada la media noche, pues tuvieron que esperar que alguien llegara por ellos y afortunadamente fueron los socorristas de Apizaco.
Mi para preocupado y sin perder la esperanza de encontrarme, me buscaba incansablemente, no así los voluntarios que al ver que no me encontraban, se fueron regresando poco a poco al amanecer.
Quedándose mi padre en compañía de los familiares y amigos más cercanos, para continuar con la búsqueda, cerca del mediodía, vi y escuché el ruido de un helicóptero que daba vueltas sin encontrarme.
Siendo aproximadamente las cuatro de la tarde, avisan al guardabosques con el que se encontraba mi papa, que había sido encontrada una menor de edad de aproximadamente seis años.
Las señas correspondían a mi filiación, por lo que inmediatamente mi papa se fue a buscarme junto con mi mamá, que ya se encontraba en la montaña que corresponde ala región de Huamantla.
Al llegar a la presidencia les informaron que los señores que me habían encontrado fueron Pedro y Guadalupe Mora Sánchez, junto con el presidente municipal de Apizaco y que todos ya habían salido rumbo a la ciudad de Apizaco.
Ese año y los años subsecuentes, marcaron enormemente mi vida, ya que a cada lugar donde llegaba, siempre había un detalle para mi, de personas que en algunos casos no conocía.
Desde una carta, un chocolate o un regalito, que me hacían sentir muy importante y que ahora con el transcurso de los años, todas esas vivencias se han quedado grabadas en mi ser.
No han dejado de darme satisfacciones, de esta manera agradezco nuevamente de manera pública a todos los que en ese momento de manera desinteresada se preocuparon por mí y por toda mi familia.
Testigos presenciales de ese hecho, como es el caso de los huamantlecos Raúl Romero Rivera y Joaquín Carmona Castillo recuerdan con claridad este caso curioso, porque llamó mucho la atención a nivel nacional e internacional.
Coinciden en señalar que el trayecto de donde se perdió la niña, hasta donde fue encontrada, ni los leñadores se atreven a cruzar esas barrancas, en especial una que le llaman “El Castillo de la Muerte”.
Cabe destacar que la niña pasó horas sin probar alimento alguno y fue durante la búsqueda cuan do contactaron a una humilde mujer, que dijo que ella sabía en donde se encontraba la menor.
Incluso se toparon con elementos castrenses y de momento la misteriosa mujer se detuvo y les dijo que ya no se encontraba en donde la había ubicado, que ya se encontraba en otro lado.
Cabe destacar que esa señora hizo un croquis, con referencias exactas, situación que causó extrañeza entre quienes buscaban a la menor, porque a primera vista pareciera que mujer carecía de preparación, sin embargo el croquis que elaboró fue muy exacto.
El lugar es conocido como Altamira y es la parte más alta y poblada de la montaña, ellos bajaban de lo alto, la hallaron dormida, sana y salva. Dijo que la Virgen la pasó por las barrancas, a ella y su abuelita.
Sin que sea reconocido por la protagonista, se comentó que la niña tenía un mensaje para todos los niños y que era que se portaran bien, mientras que para su familia siempre y de haber existido ese mensaje ha sido celosamente guardado.