- Educación
Detrás de la manifestación que protagonizaron agremiados a la delegación DIII-1, perteneciente a la Sección 31 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), están los intereses de la lideresa Wendolyn Amaro Ramírez.
La inconformidad surgió a los pocos meses de iniciar la administración estatal en turno; pues le detectaron que se había apropiado de por lo menos 30 pantallas que servirían para las diferentes áreas de la SEPE - USET como complemento a las actividades administrativas.
Además, el año pasado fueron adquiridos 550 celulares que tuvieron que haberse distribuidos entre los trabajadores que ella representa, y que además se invirtieron casi cuatro millones para dicha compra.
El recurso antes señalado se generó a partir de los ahorros de los convivios que nunca se realizaron a consecuencia de la llegada de la pandemia y que impedía la concentración de multitudes; por ello se determinó gastar ese techo financiero en celulares y pantallas para el mejor desempeño laboral de los sindicalizados.
Sin embargo, se conoció que la lideresa nunca entregó 30 pantallas y hasta la fecha las mantiene en su poder; además los equipos celulares no se distribuyeron al 100 por ciento, ya que gente cercana a Amaro Ramírez asegura que se habría quedado con al menos 100 equipos.
Pero eso no es todo, se informó que antes de la adquisición de los teléfonos, la lideresa pactó con el proveedor la entrega de equipos es dos calidades,
“tecnología actual y rezagada”, desde luego los mejores fueron para sus “cuates”.
Otra de las arbitrariedades que no le toleran es que abusando de su representación le arrebató la plaza a un trabajador de estadística “Guillermo N” y después se la entregó a su sobrino “el más consentido”.
Estos solo son algunos de los negocios que se le cayeron a la representante de los trabajadores y al ver que no tiene otra alternativa más que aceptar que se pasó de gandalla, ha decidido utilizar a sus agremiados para simular una lucha por mejoras laborales.