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  • .Adolfo Tenahua Ramos
El funcionario habría mandado a elaborar encuestas a modo, conocidas como “patito”, para simular respaldo ciudadano.

El secretario del Ayuntamiento de Apizaco Juan Pablo Morales Ricco habría impulsado encuestas amañadas y sin sustento metodológico, con el objetivo de manipular el escenario político local y posicionarse rumbo a la contienda por la presidencia municipal, en una práctica que ha comenzado a generar inconformidad dentro de distintos grupos de Morena.

 

De acuerdo con versiones internas, el funcionario habría mandado a elaborar encuestas a modo, conocidas como “patito”, para simular respaldo ciudadano y construir una narrativa favorable a ciertos perfiles, mientras desde el propio Ayuntamiento se mueve políticamente para mantenerse vigente en la sucesión municipal.

 

Un ejemplo de estos ejercicios es una encuesta atribuida a la empresa Monitor Electoral, levantada del 22 al 27 de diciembre de 2025 en la que se plantea la pregunta: “Si su voto fuera por Morena, ¿a quién elegiría como candidato a presidente municipal para Apizaco?”. En los resultados difundidos se coloca en primer lugar a Juan Pablo Morales Ricco, seguido de José Daniel Hernández López, Alberto Palestina Moreno y, en cuarto sitio, Lorena Ruiz García, sin que hasta ahora se conozcan con claridad los criterios técnicos, el tamaño de la muestra ni el método de levantamiento.

 

Estos sondeos han sido calificados por actores políticos como herramientas de simulación, utilizadas para influir en la opinión pública y en las decisiones internas del partido, más que como ejercicios serios de medición ciudadana.

 

A la polémica por las encuestas se suma otro señalamiento que ha comenzado a tomar fuerza: el doble papel político que desempeña el secretario del Ayuntamiento. 

 

 

 

Mientras públicamente se muestra cercano y afín a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, participando en actos oficiales y proyectando respaldo institucional, en otros espacios se le ha visto alineado y participativo con el grupo político de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera.

 

Esta conducta ha sido interpretada como una doble moral política, en la que el funcionario busca quedar bien con ambos bandos, sin una postura clara ni definida, apostando a la simulación como estrategia para conservar poder y aspiraciones personales.

 

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