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El discurso optimista del secretario de Turismo, Fabricio Mena Rodríguez, sobre el supuesto despegue turístico de Tlaxcala en 2026 contrasta con la ausencia de resultados concretos, planes definidos y metas verificables, lo que ha encendido críticas dentro del propio sector.
El ex priista habló de proyectos internacionales y de “estirar la mano” para atraer al turismo mundial que llegará a México, pero no presentó un solo evento confirmado, inversión específica o estrategia clara que garantice que Tlaxcala pueda competir con destinos ya posicionados a nivel nacional e internacional.
Lejos de fortalecer su mensaje, Mena Rodríguez reconoció que solo el 70 por ciento de los prestadores de servicios turísticos están registrados, cifra que exhibe un rezago grave en formalidad, capacitación y profesionalización, factores clave para atraer turismo de calidad y acceder a apoyos federales. Incluso, cuestionado respecto a cuánto equivale ese 70 por ciento de prestadores no supo responder, desconociendo el dato completamente.
Además, al señalar que no solo hoteles y restaurantes forman parte del sector, sino también vendedores de tacos y hamburguesas, el secretario evidenció la precariedad de la política turística, al normalizar la informalidad sin presentar programas sólidos de ordenamiento, certificación o mejora de servicios.
Respecto a la Olimpiada Nacional, donde Tlaxcala será sede, Mena Rodríguez aseguró que se repetirá una ocupación hotelera del 100 por ciento en Apizaco, Huamantla y la capital; sin embargo, no explicó cómo se atenderán problemas de infraestructura, transporte, seguridad y atención al visitante, lo que genera preocupación por una posible improvisación.
Aunque mencionó facilidades por parte de la Secretaría de Turismo federal, no detalló apoyos reales, montos ni acciones concretas, reforzando la percepción de que la política turística estatal se sostiene más en discurso que en hechos.
Prestadores de servicios y actores del sector advierten que, de continuar esta ruta, 2026 podría convertirse en otro año de expectativas infladas, donde el turismo siga sin despegar y Tlaxcala vuelva a perder oportunidades frente a estados con estrategias claras y resultados medibles.


