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Mientras el discurso oficial pregona una austeridad que no conoce, la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, ha decidido que la promoción de México en España se vive mejor desde los exclusivos palcos VIP del Estadio Santiago Bernabéu.
La funcionaria fue captada en un partido de la Champions League, no solo junto al embajador Quirino Ordaz, sino con un acompañante que nada tiene que hacer en una gira turística: su novio, Iván García Juárez.
Resulta ofensivo para la ciudadanía que García Juárez, titular de la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de Tlaxcala (PROPAET), abandone sus responsabilidades en México para fungir como "consorte de lujo" en Madrid.
Bajo la sombra del "quién pompo", surge la duda inevitable sobre quién financió este viaje de placer disfrazado de agenda pública. ¿Se costearon los lujos del novio con recursos del erario? Es un insulto que, mientras Tlaxcala enfrenta retos ambientales urgentes, su procurador se dedique al turismo romántico en palcos de élite.
Rodríguez Zamora parece confundir la Secretaría de Turismo con una agencia de viajes personal. Esta no es diplomacia, es un espectáculo de nepotismo y frivolidad que evidencia el nulo respeto por los recursos públicos y la ética gubernamental. El "amor" salió caro, y lo está pagando el pueblo.


