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Puebla le arrebata a Tlaxcala la Olimpiada CONADE: mientras Lorena Cuéllar posa en Europa, Armenta actúa con resultados

En un golpe de efecto político y deportivo que deja en evidencia las prioridades opuestas de dos gobiernos morenistas vecinos, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta anunció este jueves —durante su participación en la Mañanera del Pueblo— que Puebla será la sede principal de los Juegos Deportivos CONADE 2026 (la Olimpiada Nacional y Paralimpiada Nacional). Con coordinación directa de Rommel Pacheco, director de la CONADE, y una invitación formal extendida a la presidenta Claudia Sheinbaum para que inaugure el evento, Armenta posiciona al estado como epicentro nacional del deporte juvenil, alineado explícitamente con la visión presidencial de “darle un balón a un joven en lugar de un arma”.

Tlaxcala, que en 2025 fue una de las cinco sedes principales —junto a Jalisco, Yucatán, Colima y Puebla— y albergó disciplinas clave durante casi dos meses (mayo a julio), pierde el estatus estelar. Aquella edición generó titulares triunfalistas: derrama económica estimada en 65 millones de pesos, cerca de 40 mil visitantes, 13 disciplinas albergadas y elogios del propio Rommel Pacheco, quien la calificó como “parte de la mejor Olimpiada en la historia”. La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros inauguró el evento con pompa en el Estadio Tlahuicole y presumió infraestructura nueva en la Ciudad Deportiva de Alto Rendimiento.

Sin embargo, el gran escaparate deportivo de Tlaxcala terminó en humo institucional. No hubo renovación de confianza por parte de la CONADE para repetir como sede central en 2026. En su lugar, Puebla toma el relevo como anfitrión principal, con subsedes en Guanajuato, Jalisco, Nayarit, San Luis Potosí, Tlaxcala y Yucatán —sí, Tlaxcala se queda como secundaria, relegada a “actividades deportivas específicas”. El contraste es brutal: mientras Armenta actúa con rapidez, visión estratégica y alineación federal, Cuéllar parece haber dilapidado la oportunidad.

Lo más grave: la opacidad total en el manejo de los recursos públicos invertidos en 2025. El gobierno tlaxcalteca nunca publicó un informe detallado y auditado del gasto real: ¿cuánto se erogó en logística, infraestructura temporal, seguridad, promoción y hospedaje? ¿Se cumplieron las proyecciones de derrama o fueron cifras infladas para la foto? ¿Hubo sobrecostos, contratos opacos o desvíos que enfriaron el interés de la CONADE en repetir la apuesta? En un estado con finanzas limitadas y demandas urgentes en salud —incluida una reciente emergencia por sarampión—, educación e infraestructura básica, la falta de transparencia es inexcusable y huele a negligencia administrativa.

Y mientras el deporte de alto rendimiento se le escapa de las manos a Tlaxcala, la gobernadora opta por pasearse por Europa. En plena crisis sanitaria local y con pendientes acumulados, Cuéllar viaja a España para la FITUR 2026: inaugura el Pabellón de México, presenta la estrategia “Destino Tlaxcala”, firma acuerdos de cooperación con ayuntamientos españoles y posa en eventos turísticos ante tour operadores y medios. Una comitiva la acompaña, pero los resultados concretos para los tlaxcaltecas siguen siendo promesas etéreas: turismo internacional que avanza a cuentagotas, mientras el deporte —un motor real de desarrollo juvenil y derrama económica— se le concede a Puebla.

Lorena Cuéllar ya no podrá llorar ni mojar sus carísimos vestidos como “La Gata bajo la Lluvia”, lamentando lo que pudo ser y no fue. La Olimpiada 2025 fue su gran ventana de oportunidad, pero la combinación de opacidad en el gasto, falta de continuidad en gestión y prioridades turistoides la dejó sin el reflector para 2026. Puebla, con un gobernador que anuncia logros en tiempo real y los vincula a la agenda presidencial, le arrebata el protagonismo deportivo.

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