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  • Rosario Techalotiz Ramos
“En España dice que nos ama, aquí nos mandan a la ratonera”, escribieron en redes artistas locales que se sienten usados como ‘decorado barato’ para la foto diplomática.

El cinismo rebasó los límites luego de que los huehues bailaran en los pasillos de FITUR en España, mientras la gobernadora Lorena Cuéllar hablaba de orgullo, raíces y tradición.

Sin embargo, en Tlaxcala el sentimiento fue exactamente el contrario: molestia, burla e indignación.

Y es que la gobernadora publicó en su perfil de Facebook el gran orgullo y tradición de los huehues en Madrid.

“¡Nuestros huehues llenando de color y vida los pasillos de FITUR son un gran orgullo! “

Nuestras danzas y el valor de estas raíces cautivan a gente de todo el mundo y me llenan de alegría”.

“Esta presencia tan fuerte de nuestra cultura hace que Tlaxcala sea inolvidable y que todos quieran conocer la magia que nos hace únicos”.

Ante ese escueto y vacío mensaje, danzantes y colectivos culturales , el discurso de la mandataria es puro escaparate internacional.

Señalaron que mientras afuera presume color y diversidad, adentro la realidad es gris: falta de apoyo, espacios insuficientes, mala organización y una sensación generalizada de que al carnaval se le arroja a la periferia, lejos del acceso de la gente.

“Allá los presume, aquí los avientan como si estorbaran”, reclaman algunos participantes que ven hipocresía en la narrativa oficial.

Los inconformes afirmaron que los huehues en Tlaxcala terminan relegados a lugares incómodos, mal ubicados y sin condiciones, lo que para ellos convierte una de las tradiciones más queridas en una fiesta marginada de ‘tercera o quinta’, muy lejos del glamour que la gobernadora promociona ante turistas europeos.

 El gesto de exportar folklore mientras en casa se le encierra es una señal de desprecio cultural.

“En España dice que nos ama, aquí nos mandan a la ratonera”, escribieron en redes artistas locales que se sienten usados como ‘decorado barato’ para la foto diplomática.

En redes, el contraste no pasó desapercibido. La frase “¡Nuestros huehues llenando de color FITUR!” fue respondida con mensajes señalando que ese amor por la tradición solo aparece cuando hay cámaras extranjeras.

En Tlaxcala, dicen, el carnaval se sostiene por la gente, por los barrios y por las comparsas, no por la institucionalidad.

El resultado de las imágenes publicadas en redes sociales desató una oleada de críticas que desnuda la contradicción entre el discurso cultural y la práctica gubernamental.

Mientras desde España se habla de orgullo, identidad y magia, en Tlaxcala muchos ven abandono, simulación y desprecio.

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