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Al que apoye le “garantizan” permanecer en el empleo en la próxima administración estatal.
El alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, ha destapado una red de manipulación política que obliga a trabajadores de ayuntamientos y del gobierno estatal a fingir apoyo masivo a su aspiración electoral.
Lejos de un respaldo orgánico, su estrategia desesperada incluye bots en redes sociales, jornadas forzadas de posicionamiento con brigadas dando a conocer a la gente de los municipios la supuesta trayectoria de Alfonso Sánchez García, repleta de falsas afirmaciones, entregando folletos que violan la legislación electoral y van mostrando una fotografía de 1.5 metros con la imagen del alcalde de Tlaxcala.
Además, emprendieron un mecanismo de chantaje más burdo: a cada trabajador de confianza del gobierno estatal se le entregan 25 calcomanías con número de folio único. Deben pegarlas en autos de familia y amigos, fotografiar las evidencias con el folio visible y enviarlas como prueba de cumplimiento.
El ofrecimiento es claro y coercitivo: quien cumpla con esta tarea y participe en brigadas de promoción recibirá como “recompensa la garantía de contratación en el próximo gobierno”. Quien se niegue enfrenta el despido inmediato. Esta práctica no solo viola la libertad laboral y los derechos de los empleados públicos, sino que convierte el servicio estatal en un instrumento de campaña personal.
El secretario de organización política de morena en Tlaxcala, Agustín Moreno, se encuentra de “visita de cortesía” con cada uno de los alcaldes morenistas, para supervisar la operación de posicionamiento artificial de Sánchez García y reiterar a nombre del Gobierno Estatal las amenazas de persecución en caso de que no cumplan.
Las encuestas recientes, incluidas las pagadas por el gobierno estatal y el Ayuntamiento de Tlaxcala, muestran números devastadores y una imagen negativa arraigada en medios tradicionales. Sin conexión genuina con la ciudadanía tlaxcalteca, pero Sánchez con el apoyo perverso de Lorena Cuéllar, pretende inflar artificialmente su figura en los últimos meses, recurriendo a engaños, simulación y ahora extorsión laboral para fabricar un apoyo que no existe.
Estas tácticas revelan la fragilidad de un proyecto político que, ante el rechazo popular, solo sobrevive mediante la presión y el miedo.


