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Lorena Cuellar y Alfonso Sánchez García, vuelven a oscurecer Tlaxcala con la sombra del autoritarismo y la corrupción electoral. Pervierten el panorama político de Tlaxcala y los habitantes de la entidad empiezan a denunciar cada día más abusos de la mafia en el poder.
Bajo el amparo de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, una red perversa y flagrantemente ilegal ha sido desplegada en todos los municipios para imponer a su "delfín", Alfonso Sánchez García, rumbo a la sucesión de 2027.
La evidencia es contundente y circula ya en las manos de ciudadanos indignados que se han convertido en auténticos "CAZAMAPACHES". Brigadas de servidores públicos, disfrazados de promotores sociales y beneficiarios del programa federal "Jóvenes Construyendo el Futuro", recorren casa por casa y comercio por comercio entregando propaganda ilegal.
Vestidos con los colores de Morena y portando el logo del "corazón" —símbolo de la campaña de Sánchez García, como se observa en la fotografía en el municipio de Tepeyanco—, estos operadores distribuyen calcomanías y folletos que ensalzan una trayectoria política construida a base de mentiras y nepotismo.
Lorena y su mafia han llegado ya al cinismo de la impunidad electoral, sin que ninguna autoridad los detenga.
La desesperación del grupo en el poder ha llegado al extremo de involucrar a la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx). Habitantes de Tepeyanco denunciaron que los brigadistas, bajo amenaza de ser expulsados o perder sus empleos, aseguran ir de parte del Rector y del "acuerdo" cupular entre los clanes más rancios del estado: los Ortiz (Héctor y Serafín) y la sempiterna Beatriz Paredes.
Esta amalgama de intereses, que algunos ya llaman el "Frankenstein Político", busca garantizar la permanencia del Clan Cuéllar-Sánchez Anaya en el poder, utilizando recursos públicos para alimentar una "guerra sucia" contra cualquier opositor real.
Lo que estamos viviendo en Tlaxcala, previo a la encuesta que realizará Morena Nacional a finales de febrero para elegir a la candidata o candidato para el 2027, es una descarada guerra sucia de imposición y autoritarismo, pero ahora con resistencia ciudadana que se atreve a denunciar el escándalo.
Las denuncias no cesan. Mientras la gobernadora utiliza el aparato estatal como oficina de campaña, la ciudadanía ha comenzado a documentar cada paso de estos "mapaches". No se trata solo de propaganda; es el uso sistemático de la necesidad de los jóvenes y la infraestructura y trabajadores del gobierno para secuestrar el futuro de Tlaxcala.
El mensaje de los tlaxcaltecas es claro: la imposición no pasará. Los "cazamapaches" están alerta, capturando en imágenes y testimonios el descaro de un gobierno que, en su afán de heredar la silla, ha olvidado que el pueblo ya no acepta el engaño bajo el manto de una falsa transformación.


