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  • Rosario Techalotzi Ramos
Usuarios y voces ciudadanas recuerdan que su paso por otras responsabilidades como la Coeprist estuvo rodeado de inconformidades, señalamientos públicos y acusaciones recurrentes de malas prácticas.

Ni el respaldo del vocero estatal logró apagar la polémica. La llegada de Yazmín Jiménez a la Comisión Estatal de Atención a Víctimas (CEAVI) se da en medio de una ola de críticas, desconfianza y reclamos ciudadanos, que cuestionan su desempeño y ponen en duda su capacidad para encabezar un área clave para las personas más vulnerables.

Aunque el coordinador de Comunicación Social del Gobierno del Estado, Antonio Martínez Velázquez, salió a defender su nombramiento destacando su “empatía” y “capacidad de diálogo”, en redes sociales y entre diversos sectores persiste una percepción negativa marcada por lo que califican como una gestión sin resultados en cargos anteriores.

Usuarios y voces ciudadanas recuerdan que su paso por otras responsabilidades como la Coeprist estuvo rodeado de inconformidades, señalamientos públicos y acusaciones recurrentes de malas prácticas, lo que hoy genera temor de que la CEAVI quede atrapada en la ineficiencia y la simulación, justo cuando se requiere sensibilidad, eficacia y resultados concretos.

Para muchos, el discurso oficial contrasta con la realidad: no hay cifras, avances ni logros claros que respalden su designación, mientras las víctimas continúan esperando una atención efectiva y cercana, más allá de justificaciones políticas.

El respaldo institucional, avivó el descontento, al considerarse un intento por normalizar perfiles cuestionados en áreas donde el margen de error es mínimo.

Mientras el gobierno insiste en sostener el nombramiento, la CEAVI inicia esta nueva etapa bajo una sombra de desconfianza, presión social y escrutinio público

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