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  • Diego Oaxaca
La “Mafia del Poder” en Tlaxcala no se cansa de repetir las peores prácticas del viejo priismo que tanto criticaron en Morena en la entidad.

No les basta con inundar calles, comunidades y hasta bardas de propaganda electoral anticipada e ilegal —pasquines, calcomanías, lonas y pintas que violan la normatividad desde hace días—, ahora la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros y su delfín designado Alfonso Sánchez García impulsan una red de “reuniones de tamales” en todos los municipios: fiestas falsas disfrazadas de convivencia entre “amigos” cuyo único propósito es manipular la encuesta interna de Morena Tlaxcala que definirá la candidatura a la gubernatura a finales de febrero.

Las convocatorias que circulan por WhatsApp y Telegram, como del municipio de Ixtacuixtla, son descaradamente explícitas y delatan la operación en curso. Exigen a los asistentes “presentarse vestidos de blanco, prohibido usar gorras, distintivos morenistas, colores del partido o cualquier referencia a nuestro “candidato”, para simular neutralidad y eludir la fiscalización del INE y el IEPC. 

La instrucción es muy precisa: “Las playeras son solo para la calle de manera personal. No son para brigadas o actividades”, advierten en los mensajes, en una hipocresía monumental: mientras ocultan los símbolos partidistas en el evento, el objetivo central es presionar y dirigir el voto en la encuesta hacia “el candidato” Alfonso Sánchez García.

Peor aún: se obliga a los “amigos” convocados a llevar a más personas “a la fuerza”, reproduciendo el clientelismo más rancio. Tamales, refrescos y sonrisas a cambio de lealtad forzada; comida por votos prefabricados; presión social para inflar artificialmente los resultados de una consulta que debería ser libre y democrática. Estas “tamalizas” no son actos espontáneos de fraternidad: son maquinaria electoral clandestina para torcer la voluntad de la militancia y garantizar la continuidad dinástica del grupo en el poder.

La gobernadora y su favorito no desperdician tiempo, recursos y dinero público —directo o indirecto— en asegurar que el botín del erario siga en manos del mismo clan. Lorena Cuéllar y Alfonso Sánchez no innovan: reciclan lo peor del régimen autoritario que juraron combatir, todo para perpetuar su control político y económico.

La ciudadanía tlaxcalteca ahora está expuesta y es rehén de tamales envenenados con ambición desmedida. Rechazar estas “tamalizas” manipuladoras es defender el voto auténtico y la verdadera transformación que tanto prometieron.

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