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De Tlahuelpuchi y nahuales

Los tlaxcaltecas desde hace varios años, somos escépticos de los discursos de la clase política en el poder y observamos con malestar, la negligencia de las autoridades para solucionar los problemas económicos, culturales, de salud y de seguridad, un ejemplo de ello, se manifiesta en la atención de los funcionarios públicos con los ciudadanos.

Hace unos años las personas que deseaban expresar sus inquietudes laborales, culturales y educativas a los gobernadores, podían realizarlo sin ningún impedimento, pues generalmente se les agendaba citas para escuchar sus demandas. 

Actualmente en la administración estatal de Lorena Cuéllar existe una especie de violencia muy sutil, que se puede calificar de “limpieza ideológica y laboral” que frena el dialogo entre ciudadanos y mandatarios. Es un acto perverso en la relación de ciudadano y gobernante.

 Ahora cualquier ciudadano para poder obtener una cita con la gobernadora Cuéllar Cisneros, sobre todo si pretende exponer su problemática laboral, vaya, pedir trabajo, debe presentar evidencias fotográficas o de cualquier tipo, que demuestre que participó activamente en la campaña electoral de la mandataria, hecho que niega el derecho de los tlaxcaltecas a ser atendidos por quien dice representar al pueblo.

Sin embargo, el hecho de que un ciudadano haya apoyado a la mandataria y a su gabinete, no es una garantía para obtener una solución a sus peticiones, pues estos nuevos “gobernantes ilustrados” que ocupan las oficinas principales de Palacio, ni ven, ni escuchan a los tlaxcaltecas.

Esta limpieza ideológica también se manifiesta en el despido de cientos de trabajadores de la administración estatal y municipal por no pertenecer al grupo, “no te la jugaste en la campaña de la jefa”, que gobierna como un clan u horda que llego al poder. 

No importa que los nuevos integrantes de los gabinetes no cuenten con el perfil académico ni con la experiencia administrativa que se requiere para hacer su trabajo, pero eso sí, gozan y se auto asignan salarios que francamente constituyen una ofensa para los tlaxcaltecas. Viajan en primera clase, se los llevan al extranjero a la fiesta, no aportan nada, no logran nada. Son una sarta de inútiles que les encanta lo mismo que a su jefa, la foto y el desmadre.

Si no se apoya al clan, si no se hace campaña política a su favor o la del títere que ella designe para la sucesión del 2027 y se tiene la mala fortuna de expresar abiertamente la disidencia en cuanto a las acciones oficiales, el ciudadano o el servidor público están condenados al ostracismo, a una muerte social y laboral. 

La soberbia de los titulares del gabinete legal y ampliado de la administración de Lorena, la mayoría foráneos venidos a más con el dinero de los tlaxcaltecas, no solo han sido una brutal imposición al pueblo, son parte del gobierno más corrupto del que se tenga memoria.

Ahora nos están obligando, bajo amenaza, a apoyar al candidato de la gobernadora que quiere ser gobernador, Alfonso Sánchez García, un individuo pusilánime, sin voluntad propia, un pelele que no tiene la más mínima idea de la realidad económica, política, social, cultural, educativa y de salud de Tlaxcala. Es una desgracia anunciada si logran, que todos esperamos que no, su perverso plan.

Para estos nuevos mireyes, el solo hecho de pertenecer a antiguos linajes políticos, a castas tocadas por la mano de Dios, con fortunas venidas de privilegios abusivos del pasado e incrementadas con dineros del pueblo, les da derecho a contender por la gubernatura.  

Su terquedad y ambición es tan grande como su ceguera, se olvidan que la desobediencia civil es un recurso que la población puede y tiene el derecho de emplearla para defenderse de esta imposición.

Aunque Lorena Cuéllar ya tenga los dados cargados a favor de su ahijado y cómplice, el golpe que están por recibir en la contienda interna de Morena será durísimo, les faltarán patas para escapar como nahuales.

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