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Empresa que no aparece en los listados públicos y obligatorios de acreditación del INE.
- El responsable de la empresa es presentado en algunos espacios mediáticos como si fuera una voz “técnica” incuestionable e intenta dar por “serios” estudios falsos.
En Tlaxcala ya arrancó la operación política más barata y más peligrosa: fabricar percepción con encuestas para imponer narrativas antes de que exista una contienda real rumbo a 2027. No es debate democrático. No es análisis serio. Es propaganda con números, diseñada para vender la idea de que ya hay “punteros” inevitables y aspirantes “inalcanzables”.
En ese contexto aparece el nombre de Centro de Estudios Consultivos (CEC), propiedad de una persona física y no moral, es decir, no es una empresa, que presenta supuestos levantamientos sobre aspirantes de Morena de la sucesión del 2027 en Tlaxcala.
El problema no es que una empresa haga encuestas: el problema es que se pretende convertir esos resultados en “verdad” sin que exista respaldo institucional electoral ni reconocimiento verificable que sostenga la credibilidad del ejercicio.
De entrada, en listados públicos de acreditación del INE para ejercicios formales vinculados a procesos electorales (como encuestas de salida o conteos rápidos), Centro de Estudios Consultivos no aparece. Significa que no se puede vender como “autoridad demoscópica” lo que no tiene acreditación ni prestigio reconocido. Es como querer dictar sentencia sin ser juez: puro teatro.
Y hay un dato todavía más grave: documentos de autoridades electorales locales registran que encuestadoras —incluida CEC— publicaron encuestas sin entregar en tiempo y forma la documentación de respaldo metodológico requerida.
Dicho en español claro: publican números para influir, pero no entregan lo mínimo para demostrar que el estudio existe, que la muestra fue real, que el levantamiento se hizo correctamente o que los resultados no están “cocinados”.
Como si eso no bastara, el personaje que aparece vinculado como responsable del estudio —Manuel Isaac Martínez Benítez, señalado en documentos oficiales como firmante y representante del ejercicio demoscópico— es presentado en algunos espacios mediáticos como si fuera una voz “técnica” incuestionable, acudiendo a entrevistas donde se intenta dar por “serias” mediciones que, en la práctica, no muestran respaldo público suficiente para ser tratadas como verdad electoral.
Entonces lo que se está difundiendo NO es información demoscópica: es una herramienta de manipulación.
Porque estas “encuestas” cumplen una función política específica: inflar a unos, invisibilizar a otros y construir el cuento de que “ya está decidido”. Es el truco clásico: repetir una cifra hasta que se convierta en percepción, y la percepción en resignación. Es un intento de convertir a la ciudadanía en público, no en actor.
Pero esta operación no camina sola. Necesita medios que la repliquen sin cuestionar, que publiquen tablas como si fueran ciencia y titulares como si fueran hechos. Eso no es periodismo: es ser altavoz de intereses.
Tlaxcala no necesita encuestas opacas. Necesita transparencia. Si un estudio pretende influir en 2027, lo mínimo exigible es metodología completa, muestra, fechas, cuestionario, patrocinador y evidencia verificable. Si no hay eso, no es encuesta: es propaganda con disfraz técnico.


