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Tlaxcala atraviesa hoy una de las señales más preocupantes para cualquier democracia: el uso del aparato público para construir una candidatura antes de que inicie formalmente la contienda.
Tlaxcala atraviesa hoy una de las señales más preocupantes para cualquier democracia: el uso del aparato público para construir una candidatura antes de que inicie formalmente la contienda.
Funcionarios estatales, alcaldes y hasta titulares de órganos que deberían ser autónomos han abandonado la neutralidad institucional para promover, desde sus cargos, al alcalde capitalino como aspirante a gobernador.
No se trata de una disputa de opiniones ni de “gestos políticos”. Es una violación abierta y sistemática de la ley electoral.
El quiebre de la imparcialidad
La legislación electoral de Tlaxcala es clara: la función electoral debe regirse por legalidad, imparcialidad y equidad. Estos principios no son retórica; son la columna vertebral del proceso democrático.
Cuando secretarios estatales, directores municipales, empleados públicos, alcaldes y titulares de órganos autónomos promueven públicamente a un aspirante, el Estado deja de ser árbitro y se convierte en jugador. Con ello, la equidad de la contienda se rompe antes de empezar.
Inducción política desde el poder: prohibida por ley
La ley no exige la frase explícita “vota por”. La inducción y la presión también están prohibidas.
Mensajes y actos como:
• “Vamos con él” y agradecimientos públicos coordinados,
• Hashtags repetidos desde cuentas oficiales,
• Visitas fuera de jurisdicción sin agenda institucional,
• Uso reiterado de símbolos y lemas,
sí influyen, sí presionan y sí condicionan cuando provienen de autoridades en funciones. Eso configura propaganda encubierta y uso indebido del cargo.
Órganos autónomos contaminados
Uno de los hechos más graves es la alineación simbólica de un órgano autónomo. El presidente del IAIP, Arturo de Casa, ha utilizado el lema #DeCorazón, idéntico al que aparece en bardas y mensajes asociados a la promoción de Alfonso Sánchez.
Un órgano autónomo no puede adoptar el lenguaje del poder político. Su legitimidad depende de parecer y ser independiente. Cuando el vigilante usa el lema del vigilado, la autonomía colapsa.
Chiautempan: promoción territorial sin sustento
La alcaldesa de Chiautempan, Blanca Angulo, agradeció públicamente la visita del alcalde de Tlaxcala a su municipio.
La pregunta es simple: ¿qué facultad legal lo llevaba ahí?

No hay competencia territorial, ni agenda institucional conocida. Lo que sí hay es posicionamiento político, fotografía, mensaje y expansión territorial de una imagen personal. Eso no es gestión: es campaña adelantada desde cargos públicos.
La presión que no se ordena, pero se siente
Cuando empleados del ayuntamiento y de dependencias replican mensajes de apoyo, el problema se agrava. Los servidores públicos no actúan como ciudadanos comunes: su respaldo presiona al subordinado, aunque no exista instrucción expresa.
En estructuras jerárquicas, la neutralidad se quiebra por el solo peso del cargo.
La omisión que institucionaliza el abuso
La autoridad electoral tiene la obligación de investigar, prevenir, frenar y restaurar el orden jurídico. El silencio no es neutral: es permisivo. Y cuando el abuso no se frena, se normaliza.
En Tlaxcala, el poder público ya está en campaña.
No con ciudadanía, sino con instituciones.
No con ideas, sino con cargos.
No con reglas, sino pisoteándolas.
Esto no es libertad de expresión, ni cortesía política, ni coincidencia.
Es el uso del Estado para fabricar una candidatura.
Cuando el Estado hace campaña, la democracia deja de competir y empieza a perder.


